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Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Igualapa

Municipio. Cabecera municipal del mismo nombre.

Toponimia, glifo y/o escudo. Igualapa, del náhuatl ygualli (ihualli), mensajero, y apan, río: “río de mensajeros”.

El nombre original es luhualapan, de origen náhuatl; se compone de dos términos: luhala, “ya llegó” o “ya vino a”; apan, “lugar donde hay agua”. Otra versión del significado en náhuatl es: “en el arroyo de las iguanas”.

Con el tiempo se fueron castellanizando los vocablos originales y la palabra quedó transformada en Igualapa. Desde 1850 está aceptado que Igualapa significa “río de mensajeros”.

Glifo. En el códice conocido como la Matrícula de Tributos observamos el glifo del pueblo de Yoaltepec descrito como un cerro cuya base inicia con dos escalones en rojo, y el cuerpo del cerro en verde. En su cima aparecen unos ojos estelares que no están bien definidos.

En cuanto a su forma, en el primer plano está la representación de la escalera roja, que simboliza el ascenso místico y sacerdotal, es decir, el momento ritual y el trance espiritual. En el segundo plano, la representación del cerro, que simboliza la elevación del hombre hacia lo espiritual; es otra versión de la “escalera”, es decir, lo que nos permite subir al lugar sagrado; la subida permitiría encontrarnos con la deidad de ese lugar. Por último, y coronando la representación, se encuentran los ojos estelares, que significan la “deidad de la noche”, que observa a los humanos en plena oscuridad.

Respecto de su coloración, la escalera roja, con la que inicia el glifo en su parte inferior, está vinculada a la iniciación ritual y sacerdotal, principalmente por la asociación que tiene ese color con la sangre y con el sacrificio. La escalera también implica que la deidad podría descender a la tierra. El sacrificio se transforma en ofrecimiento, propio de una iniciación sacerdotal.

El cerro que aparece en el glifo representa el punto de encuentro entre el cielo y la tierra. El relieve verde asocia la vegetación y la fertilidad. En la cima observamos los ojos estelares, que simbolizan la presencia de una “deidad de la noche” que ve a la humanidad aun cuando no haya luz alguna.

Otra versión del glifo es la referente a Yoaltepec como Yoalan, que significa en náhuatl “lugar de la divinidad de la noche” o “lugar consagrado a la noche o a su deidad”. Es posible también que el nombre de Yoaltepec se refiera a una región donde se atendía el tributo no como una región colonizada, sino asociada al rito y al sacramento de un dios relacionado con lo agrícola y dirigido por los astros, que es lo que señala el glifo de la Matrícula de Tributos.

Escudo. En noviembre de 1999 el municipio de Igualapa adoptó el escudo que lo identifica. Fue  diseñado por Jorge Martínez Miranda.

En el interior de un octágono irregular ovalado hay cinco espacios: en el centro del espacio superior, la figura religiosa de un Cristo, conocida en la región como el Señor del Perdón (el santo patrono de la cabecera del municipio). El crucifijo está sobre un montículo: cerro El Vigilante, que representa la topografía de la demarcación municipal. Al fondo de esta misma fracción, un sol con rayos que simbolizan la luz de la fe católica de los igualapanecos.

En la parte izquierda superior aparece un campo de color rojo simbolizando el valor y la sangre derramada por los defensores de la justicia en las distintas etapas de su historia. Allí también, un vacuno de la raza cebú, que representa el esfuerzo por lograr una ganadería de calidad.

En el campo superior derecho, el cielo, de color azul claro. Centrada, una milpa, alimento básico cultivable en la zona.

Al centro del escudo, un círculo con dos figuras humanas prehispánicas, en cuclillas, pagando el tributo, pues Igualapa fue el centro de acopio del señorío Ayacaxtla. De la parte inferior del círculo central del escudo penden unas hojas de tabaco, producto agrícola que distingue al municipio.

El espacio inferior del escudo tiene un libro abierto, que simboliza la educación, base fundamental para el progreso. Este campo es de color ocre, que representa el color de la tierra de esa región.

En la parte superior aparece el nombre de Igualapa, y de allí se desprenden, a manera de brazos, a la izquierda, la figura estilizada de un río en cuya orilla se aprecian las huellas de dos pies que aluden al nombre de la localidad: “río de mensajeros”; y, a la derecha, el otro brazo, representa el progreso actual en cuanto a las vías de comunicación. En el campo interior está la máscara de un tigre, que simboliza la tradición dancística.

Reseña histórica (cronología). El Códice de Azoyú señala que en el año 1200 de nuestra era llegaron a la región nómadas de las tribus tlapaneca, mixteca y amuzga, fundaron pequeñas aldeas en las que vivieron de manera irregular; continuamente cambiaban de residencia, según se puede comprobar en las ruinas de asentamientos humanos descubiertos en las últimas décadas del Siglo XX.

Igualapa es el pueblo más antiguo de lo que se llamó provincia de Ayacaxtla. Fue fundado en 1304; estuvo situado en el caserío donde hoy se encuentra el panteón municipal. Por muchos años fue cabecera de la provincia de Ayacaxtla, antes de la conquista y durante la dominación española hasta la época de la Independencia, en que fue Ometepec la población más importante. Los dominios de Igualapa en esa época se extendieron desde Ayutla hasta tierras fronterizas del estado de Oaxaca.

En 1334 aparecieron grupos étnicos de raza tolteca que buscaban mejores condiciones de vida, después de la misteriosa desaparición de Tula. Algunos venían huyendo de sus enemigos, los chichimecas, que los habían invadido para apoderarse de sus tierras y de su cultura; sin embargo, los toltecas poseían una cultura muy adelantada, estaban mejor organizados que otras tribus; cultivaron las tierras en los contornos de las comunidades de Quetzalapa, de Acalmani, de Igualapa y de Acatepec, poblaciones que ellos mismos fundaron y habitaron por muchos años hasta llegar los aztecas en 1457, quienes los sometieron, les obligaron a pagar tributo, y establecieron una colonia militar con la finalidad de vigilar los movimientos de los tlapanecos, de los mixtecos y de los amuzgos.

Después de la Conquista, se inició en la provincia de Ayacaxtla el reparto de las encomiendas entre los españoles que habían tomado parte en la conquista.

Este punto de concentración fue residencia oficial del encomendero Bernardino del Castillo, quien disfrutó el beneficio de ese cargo en la región. El indígena, aparte de pagar el tributo, era obligado a trabajar para el encomendero bajo la vigilancia del capataz.

En Igualapa residía el alcalde mayor con jerarquía de gobernador de la región, y dependían de él los alcaldes mayores y las repúblicas de indios.

En 1533 fueron creadas, por la Corona, las alcaldías mayores, que controlaban al encomendero y vigilaban  que no abusara de los indígenas.

Los frailes agustinos evangelizaron a los naturales de la comarca, enseñaron las técnicas para la elaboración de artesanías, apoyaron la formación del pueblo en los delineamientos de calles y la construcción de templos. Los agustinos dejaron como santo patrono al Señor del Perdón.

Hacia 1824, el pueblo de Igualapa quedó comprendido dentro del territorio del estado de Puebla y adquirió la categoría de ayuntamiento dependiente del partido de Ometepec. En el mismo año se fundó la República federal; Igualapa dependía del distrito de Tlapa, del estado de Puebla.

El 27 de mayo de 1837 se reconoció a Igualapa como municipalidad del partido de Ometepec en el departamento de Puebla.

El 27 de octubre de 1849 pasó a formar parte del nuevo estado de Guerrero.

El 15 de marzo de 1850 se constituyó el municipio de Igualapa, como uno de los 38 municipios que conformaron al estado.

Ya en el Siglo XX, después de conseguir la derrota de las fuerzas porfiristas, los campesinos de Igualapa, de Huehuetán y de Acatepec se dedicaron a cumplir con uno de los puntos del Plan de San Luis, consistente en recuperar los títulos de propiedad que amparaban sus tierras comunales.

Aunque el movimiento social conocido como la Revolución Mexicana, encabezada por Francisco I. Madero en contra de Porfirio Díaz se inició en 1910, en esta zona de la Costa Chica fue el lunes 17 de abril de 1911 cuando los revolucionarios, al mando de Enrique Añorve Díaz, conquistaron Ometepec, apoyando el Plan de San Luis. En esas fechas, Ometepec era cabecera del distrito de Abasolo, es decir, era la plaza política y militar más importante.

Durante la tarde de aquel día, insurrectos de Ometepec, de Acatepec, de Igualapa, de Juchitán y de Huehuetán, con armas en la mano y necesitados de justicia, después de una batalla, se apoderaron de la plaza y la ciudad, con la intervención tardía de Añorve Díaz en compañía de la gente de Cuajinicuilapa comandada por Teodoro Aguirre; Añorve había preparado este movimiento en la región y prometido, a algunos de estos pueblos, recuperar las tierras comunales, de las que habían sido despojados ilegalmente por ricos caciques, ganaderos y comerciantes del lugar. Él había permanecido en La Escondida (hoy Punta Maldonado) por temor a represalias del recién nombrado jefe político Manuel García.