Domingo  23 de noviembre de 2014.

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Ing. Sandra de Jesús Sánchez

Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Apreza García, Eucaria

Heroína del Sur. Nace el 7 de diciembre de 1858 en la hacienda de Tlapehualapa, municipio de Zitlala. Allí muere asesinada el 27 de octubre de 1924. Su nombre completo fue María Ambrosia Concepción Eucaria Apreza García. Fueron sus padres Vicente Apreza y María Hermenegilda García, quienes le dieron atenciones y comodidades que sólo disfruta el hijo único. Al mismo tiempo, recibía la educación que se acostumbraba proporcionar a una niña; tenía libertad para romper la tradición y participar en juegos que entonces eran privativos de niños.

Crece, por un lado, apegada a la iglesia y a la religión católica, como dictan los cánones de la época. Por el otro, su carácter recio, dominante y emprendedor, su fuerte aspecto físico, hacen vislumbrar a la futura “Generala” que será durante la Revolución maderista.

El trabajo diligente y su don de mando la convierten en una de las hacendadas más ricas y más jóvenes de la región. En Tlapehualapa se dice que llegaron a trabajar cien peones, sin contar con la servidumbre, y los que se ocupaban en casas y haciendas, como la de Chilapa y la propia Zitlala.

Producía caña de azúcar, mascabado y panocha. El rendimiento era suficiente para que la dueña atesorara riquezas y, al mismo tiempo, proporcionara comodidades y buen nivel de vida a los trabajadores. A diferencia de los hacendados del norte de la República y del propio sur, “la señorita Eucaria”, como se le llamaba en sus propiedades, contribuía en obras de beneficio social.

Patrocina el inicio de las obras de agua entubada en Chilapa. Manda construir una casa-cuna y escuelas. Es espléndida con el clero. Algunos afirman que su fortuna la heredó a un sacerdote del lugar.

En Chilapa era la máxima autoridad. Su residencia la construyó en una gran extensión de terreno. Después donó partes para la catedral del lugar. Hay un subterráneo que va de su casa a la iglesia de San Antonio, usado como entrada y salida durante la Revolución; el hecho se prestó para tejer leyendas en torno suyo.

Los chilapeños viejos recuerdan que hubo una temporada en que se le asociaba con la Llorona, personaje célebre de la época de la Colonia. Se decía que la señorita Eucaria, apenas las sombras de la noche inundaban el pueblo, andaba por lo que fueron sus propiedades gritando sus pecados en este mundo.

Sus viajes a Roma, concretamente al Vaticano, permitían a la gente crear historias singulares acerca de ella.

Cuando los vientos de la Revolución llegaron a Guerrero forma grupos en contra de la dictadura porfirista. En 1911 se une al movimiento maderista y pugna, en Guerrero, por la abolición de la reelección presidencial.

Los dotes de mando y su experiencia en organizar la hacen sobresalir en el movimiento armado; llega a tener el grado de generala. Su casa, en Zitlala, en la calle de San Francisco, y la entrada al lugar que hoy pertenece al ayuntamiento, sirve de cuartel a los grupos simpatizantes del maderismo.

El poder económico y la adhesión a la causa revolucionaria le trajeron innumerables antipatías y enemigos gratuitos. Los hacendados veían con malos ojos que ella tratara como seres humanos a los peones y se preocupara por su educación y el sano crecimiento; empezaron a buscar formas de eliminarla.

Juan Sánchez Andraca, en su libro Zitlala, en la entrevista que hace al señor Jesús Abarca, antiguo peón de doña Eucaria en la hacienda de Tlapehualapa, afirma que ella, al realizar un viaje a Roma, temiendo que algo pudiera sucederle, dejó testamento y tres depósitos de dinero a favor de un cura de apellido Nava. Al regresar, la ambición se apoderó del párroco y la mandó asesinar para quedarse con todo. Los hermanos Alejo y Antonio Nava obedecieron órdenes del sacerdote. Después de la muerte de doña Eucaria nadie volvió a saber de él ni del dinero.

El 25 de octubre de 1924, al retornar de Roma, recorre Tlapehualapa.

Dos días después llegó Lino Alejo con otros a tratarle un asunto. Se disgustaron. Hubo gritos. Eucaria Apreza no quiso seguir atendiéndolos en lo que querían. Lino Alejo regresó; en el camino se encontró a su hermano Antonio con otros hombres armados.

Eucaria salió y ellos trataron de lazarla para arrastrarla con los caballos. Ella trató de esconderse en el pozo de agua. Pero fue descubierta y asesinada. También mataron a dos de sus peones. Actualmente, escuelas y calles del estado de Guerrero llevan su nombre.                            

(JSA/JGCL)