Albarrán Martínez y Molina, José María

(Pepe Albarrán) (1916–1994). Compositor, cantante, promotor musical y actor. Nació en Cutzamala de Pinzón el 30 de julio de 1916. Siendo muy pequeño fue llevado a Huetamo, Michoacán, donde se registró el acta de nacimiento. Falleció el 17 de noviembre de 1994 en el D. F., donde pasó la mayor parte de su vida.

Los primeros estudios los realizó en su tierra natal y posteriormente se trasladó a la Ciudad de México donde desarrolló diversas actividades. Tuvo relaciones de trabajo con directores y actores cinematográficos.

Incursionó en el género popular al escribir corridos, canciones rancheras, huapangos, etc.; algunos con letra muy ingeniosa y alegre.

En 1942 comenzó a dar a conocer composiciones como: Así somos en Jalisco, ¡Ay! Mamita, Bajo el cielo de Jalisco y Por esos montes.

En la época del oro del cine nacional sus melodías fueron grabadas por Pedro Infante, Lola Beltrán, Eulalio González “el Piporro”, Miguel Aceves Mejía, Antonio Aguilar y muchos conjuntos norteños.

En 1958 alcanzó el triunfo en EU con corridos y canciones como La tumba de Villa (considerado por algunos como el corrido más bello que se haya compuesto acerca de la Revolución Mexicana), Caballo alazán lucero, Caballo prieto azabache, Luna del norte, Lupe la güera, Aquellos ojitos verdes, El centauro de oro, Lo vas a ver, ¡Ay! Tierra mía, etc.

Otros de sus éxitos fueron San Juan Huetamo, Que me castigue el cielo, El último dorado, Cerro de las campanas, El cinco de mayo, Juan Diego, Que te vas… te vas, Viva Guerrero, Yo tengo mi airioplano, etc.

Fue conocido como actor teatral y formó parte del Trío Zirahuén, con el nombre artístico de Pepe Albarrán. Durante algunos años se dedicó a la venta de joyería y recorrió parte de la República como agente viajero. También trabajó para varias editoriales de música.

La tumba de Villa
(fragmento)

Caballo prieto azabache
(fragmento)

Cuántos jilgueros
y cenzontles veo pasar,
pero qué tristes
cantan esas avecillas;
van a Chihuahua
a llorar sobre Parral
donde descansa
el general Francisco Villa.

Lloran al ver
aquella tumba
donde descansa para siempre
el general,
sin un clavel,
sin flor ninguna,
sólo hojas secas
que le ofrenda el vendaval.

Caballo prieto azabache
cómo olvidar
que te debo la vida
cuando iban a fusilarme
las fuerzas leales
de Pancho Villa.

Aquella noche nublada
una avanzada
nos sorprendió
y tras de ser desarmado
fui sentenciado
al paredón.

 

 (VVS)