Miércoles  18 de septiembre de 2019.

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Ing. Sandra de Jesús Sánchez

Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Agua. Recursos acuíferos

Legislación referente al agua.

Durante el último periodo gubernamental del presidente Benito Juárez se expidió el Código Civil de 1871 que unificó los criterios en materia de aguas declarándolas propiedad de la nación y respetando la soberanía de los estados de la República Mexicana. Allí se regulaba el uso de playas, puertos, bahías, ensenadas, radas, ríos, lagos, esteros, canales, riberas, islas y cambios de cauce, y se estipulaba la forma en que su explotación podía concesionarse para el bien común. Por su parte, el Código Penal de ese mismo año tipificó los delitos en que incurriría todo infractor de las disposiciones en la materia.

Al perfeccionarse las leyes emanadas de la Constitución de 1857 se precisó que las aguas y terrenos aledaños propiedad de la nación no eran objeto de usufructo o enajenación bajo ningún caso, salvo en los que el gobierno así lo considerara. Por tanto, los mares, ríos, lagos, lagunas, canales, playas y riberas son todavía inalienables e imprescriptibles.

Se incluyó en la Constitución de 1917 un artículo 27 progresista por su alto contenido social. A partir de esta moderna concepción se tomaron en cuenta los usos sobre la irrigación agrícola, la generación de energía y demás aspectos relacionados con el bienestar de la población de un país en crecimiento como lo es el nuestro.

Leyes de agua en la modernidad.

En 1926 se creó la Comisión Nacional de Irrigación, que se encargaría de la construcción de obras hidráulicas y de establecer los mecanismos apropiados para el fomento de la agricultura de riego, entre otras actividades. El instrumento legal que fijaba atribuciones a la Comisión fue la Ley sobre Irrigación con Aguas Federales, promulgada en enero de 1926, con los propósitos antes mencionados.

Se crea la Secretaría de Recursos Hidráulicos.– Al expedirse la Ley de Aguas de Propiedad Nacional en 1934 se reglamentaron los usos y el aprovechamiento del agua en los rubros agrícola, industrial y de energía hidroeléctrica. Los mantos acuíferos fueron incorporados a la legislación con la Ley Reglamentaria del párrafo quinto del artículo 27 constitucional en materia de Aguas del Subsuelo. En 1947 se declara patrimonio de la nación. En ese mismo año es creada la Secretaría de Recursos Hidráulicos, que nace con el espíritu de su organismo antecesor y se convierte en la cabeza de ese sector con la referida ley como instrumento de acción.

El 13 de enero de 1986 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto aprobado por el H. Congreso de la Unión mediante el cual se introducen reformas y adiciones a la Ley Federal de Aguas para adecuarla a los tiempos actuales. Las cinco reformas de mayor importancia se refieren a la planeación del aprovechamiento y conservación del agua; su administración; la protección de acuíferos; el abastecimiento de agua en bloque a poblaciones, y a cuotas de agua.

Se autoriza a la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos a efectuar diversas acciones que se refieren a la administración en sus aspectos de distribución a las unidades productoras del sector agrícola y los derechos que cada una tiene en la dotación del líquido en los volúmenes precisos requeridos. Se faculta a la secretaría del ramo para vigilar la conservación de la calidad en las cuencas hidrológicas otorgando o negando los permisos para descargar aguas residuales en cuerpos de agua. Igualmente se le encomendó la misión de promover programas de investigación y desarrollo tecnológico y la preparación de personal calificado de los mantos acuíferos sobreexplotados, que necesitan de una vigilancia estricta para controlar los volúmenes de agua extraídos y se fijen máximos y mínimos, así como su uso.

El Gobierno federal ha formado la Comisión Nacional del Agua, que es la encargada de atender los aprovechamientos del agua para fines productivos.

El mundo que crece en torno al agua.

El surgimiento de un pueblo tiene como base el dominio de las corrientes de agua aprovechable para la irrigación, ya que la formación de núcleos urbanos sólo es posible cuando el campo produce cantidad tal de alimentos que un grupo humano puede sustentar a clases productivas e improductivas en términos agrícolas.

A diario se cobra mayor conciencia de que la cantidad disponible de agua es finita y de que, al aumentar la población y las actividades productivas, se hace más escasa. A nivel internacional se dice que una región tiene agua suficiente cuando dispone por lo menos de 5000 m3 por habitante y por año, y que tiene escasez severa si esta cifra es menor que 1000. En los últimos años las existencias son a nivel nacional de 4624 m3, que representan el volumen anual promedio por cada mexicano. De continuar los patrones de consumo actuales, en el Siglo XXI varias regiones del país llegarán a contar con una cifra de 1000 m3 o menos, valor comparable al de algunos países de África y el Medio Oriente, en donde ya se presentan severos conflictos por el agua.

La revolución industrial fue posible gracias al agua, cuya fuerza calorífica puso en marcha las máquinas de vapor. En los últimos tiempos, gracias a ella se ha puesto en práctica una de las formas más novedosas que existen de producir alimento:

La acuacultura, fuente de proteínas, minerales y vitaminas cada vez más importante. Esta actividad se refiere al aprovechamiento, preservación y mejoramiento de los recursos acuáticos, marinos, fluviales o lacustres; comprende seres animales y vegetales, además de la explotación y beneficio de sales y minerales. También se define como el cultivo racional de organismos acuáticos, incluye el control de su crecimiento y reproducción, tiene como objetivo fundamental la multiplicación cuantitativa y la mejoría cualitativa de esos organismos.

Los seres reproducidos en estas condiciones por lo regular son utilizados para el consumo humano, la repoblación de ríos, lagos y presas o para el ornato. Esta actividad se lleva a cabo en estanques naturales o artificiales, en jaulas flotantes y encierros, a fin de vigilar e intervenir, cuando sea necesario, en su multiplicación, desove, alimentación y crecimiento.

La finalidad de este tipo de explotaciones es obtener proteínas de origen animal y vegetal en forma controlada, procurando abatir costos y ser accesible en el momento que se requiera. Las especies que comprende son peces, crustáceos, moluscos y vegetales (algas).

La acuicultura es una práctica muy antigua que se viene desarrollando desde la época floreciente de los egipcios; existen algunos grabados que representan escenas de pesca y conservación de peces cultivados en estanques. En México, antes de la Conquista ya se practicaba esta labor; con el cultivo de peces y ajolotes se producía alimento para la gente y servían como ornato en los palacios del emperador. Los purépechas también se dedicaron a la siembra de peces para el sustento de su pueblo.

Durante la época colonial los frailes que habitaban conventos localizados cerca de los ríos, lagos o lagunas se dedicaron a esta ocupación. Pero fue hasta el Siglo XVIII cuando comenzó a tener cierta relevancia. José Antonio Alzate y Ramírez (1737–1799), en su Gazeta de Literatura de México publicó un artículo relacionado con la piscicultura denominado “Instrucción para la cría de peces”; en ese escrito hace notar la importancia que tiene el oficio del cultivo de peces.

Fue tanta la relevancia que alcanzó la acuicultura que obligó a las autoridades gubernamentales a legislar para controlar la explotación de estas especies, ya que se consideraba como un privilegio el derecho de hacerlo. Fue en las postrimerías del periodo colonial cuando el Gobierno español derogó los preceptos restrictivos, quedando con libertad el uso de las aguas para dicho fin.

De esta forma la acuicultura en México ha venido evolucionando para proveer de alimento a la población.

En Guerrero se han hecho intentos de poner en práctica esta actividad, por lo regular, en áreas rurales, para mejorar la alimentación de los pueblos con mayor marginación. Se presenta como una alternativa para optimizar la dieta a través de la producción de peces, primero, para autoconsumo, y segundo, para comercializar los excedentes, con la consecuente generación de empleos. Además de estos beneficios permite aprovechar espacios no utilizables para otros usos y aun los que sí se emplean en algo, como presas, bordos y ollas de agua, ya que no contaminan el agua.

Los resultados hasta ahora no han sido satisfactorios; las causas, al parecer, se deben a la mala proyección, la falta de créditos y el poco apoyo técnico. No obstante, existen en la entidad pequeños aprovechamientos que producen pescado para el consumo de la población guerrerense. En Tlapa de Comonfort, el DIF estatal instaló un centro de aprovechamiento donde se explotan algunas variedades de tilapia y carpa; en El Carrizal y Aguas Blancas, del municipio de Coyuca de Benítez, existen otros de este tipo. En Toro Muerto, municipio de San Miguel Totolapan, hay una explotación de trucha “arcoiris”, al igual que en Omiltemi, municipio de Chilpancingo. En El Carrizal también se reproduce el langostino malayo, en estanques artificiales.

En los distintos depósitos naturales de agua y en las presas de los ríos de la entidad se reproducen libremente algunas de estas especies, las cuales generan el oficio de la pesca, actividad a la que se dedican varios de los pobladores que viven en las riberas. La población en Guerrero dedicada a la pesca y la acuicultura es del orden de 17 142 personas, quienes obtienen unas 7643.6 toneladas al año de pescados de diferentes especies que se reproducen en forma natural, más 155.6 toneladas correspondiente a la acuicultura. El estado cuenta con un área de plataforma continental de las costas de 1515 km².

(VTG/EAV)