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Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Agricultura

Del latín ager, agri, campo y cultura, cultivo. La agricultura es el arte de cultivar la tierra; se refiere a los diferentes trabajos de tratamiento del suelo y cultivo de vegetales, normalmente con fines alimenticios.

Las actividades agrícolas integran el llamado sector agrícola. Todas las funciones económicas que abarca dicho sector tienen su fundamento en la explotación del suelo o de los recursos que éste origina en forma natural o por la acción del ser humano.


Arando la tierra.

La agricultura comprende todo un conjunto de acciones humanas que transforman el medio ambiente natural con el fin de hacerlo más apto para el crecimiento de las siembras. Es una tarea de gran importancia estratégica y base fundamental para el desarrollo autosuficiente y la riqueza de los pueblos. La ciencia que se encarga de estudiar la práctica de la agricultura es la Agronomía.

La agricultura surge en la existencia del ser humano como una mera necesidad, más que como una simple actividad en la vida cotidiana. Los historiadores la consideran una nueva forma de vida hecha posible gracias a la implantación del cultivo y a la cría de ganado, pues era más fácil la caza, la pesca y la recolección que la agricultura –que requiere un considerable tiempo y trabajo para preparar el suelo, sembrarlo, eliminar las malas hierbas y recoger las cosechas–. Así pues, la agricultura no era una forma de vida mejor, sino posiblemente la consecuencia de factores como la escasez de las oportunidades de caza y recolección, por ejemplo.

Este nuevo modo de vida de las personas surgió de una evolución gradual, más que de una revolución inmediata. Vista desde la perspectiva de la inmensa escala temporal de la prehistoria, constituyó un cambio en el estilo de vida, adoptado con relativa rapidez. Aun así, resulta significativo que las plantas y animales escogidos para la domesticación no representaran recursos básicos en el momento en que surgió la agricultura; por el contrario, parece que los pueblos llegaron a ser dependientes de ellos económicamente muchos siglos, y en algunos casos milenios, después de las etapas iniciales de la domesticación. Así pues, es necesario reconocer la existencia histórica de múltiples fases de semidomesticación.

La agricultura reemplazó a la recolección de forma muy gradual y en numerosas partes del mundo la caza, la pesca y la recolección persistieron mucho tiempo después de la introducción o adopción de los recursos domesticados. En consecuencia, es imposible señalar un momento o lugar en el que se produjera la domesticación de cualquier especie. En este sentido, el origen de la agricultura no puede fijarse con precisión.

La agricultura en el Nuevo Mundo.

La agricultura fue fundamental para permitir el surgimiento y desarrollo de las grandes culturas que hubo en territorio americano, principalmente en el conocido como Mesoamérica. Aquí se desenvolvieron civilizaciones sustentadas en cultivos agrícolas como el maíz, el frijol, la papa y el chile. Con la Conquista española el intercambio de productos alimenticios se multiplicó y con ello se revolucionaron e incrementaron las posibilidades de obtener una variedad más amplia, mejorando sustancialmente la economía de Europa y América. Además de los productos mencionados, en Mesoamérica se practicaba el cultivo de cacao, vainilla, maguey, nopal, calabaza y camote; entre las fibras obtenidas de plantas se conocían el ixtle, el henequén, la raíz de zacatón y, sobre todo, el algodón.

Los españoles, por su parte, aportaron al continente americano los productos siguientes: arroz, centeno, avena, trigo, cebada, caña de azúcar, café; y algunos frutales: naranja, limón, uva, manzana y olivo. Y como fibras, el lino y el cáñamo.

El aumento de la población humana obligó a los habitantes de estas tierras a ampliar los campos de cultivo, lo mismo que a mejorar sus técnicas, como la instalación de riego, por ejemplo –que por cierto no era nuevo en América, pues los antiguos pobladores ya practicaban la agricultura con ese procedimiento–. Asimismo, diversificaron los utensilios y técnicas de cultivo, mejorando con ello la producción. El único instrumento de labranza de la tierra que se conservó de los nativos fue la coa, en tanto que los europeos trajeron el arado egipcio, el zapapico y el azadón. Además de modificar las técnicas, también utilizaron animales para la tracción.

Con todos estos cambios la economía mejoró y se generó una vigorosa cultura agrícola. La abundancia de producción trajo beneficios a la Nueva España, pero también hubo dificultades muy serias, pues en algunos casos se prohibió a los novohispanos comerciar con otro país que no fuera España; se prohibió el cultivo de la vid, el cáñamo, el olivo y el lino, además de que se descuidó el sistema de riego, decayendo con eso la producción. En el Siglo XVIII llegaron observadores de España quienes dijeron que este país (México) era “un lugar desierto, árido, sin agua”.

Las modificaciones impuestas por la Colonia produjeron el latifundio en sus diversas modalidades: encomienda, mayorazgo y hacienda, formas de tenencia de la tierra que perduraron más de cien años de vida independiente, hasta la creación de la Reforma Agraria.

A finales del Siglo XVIII la situación económica, política y social de la Colonia había provocado un gran malestar entre la población, en la región central los indígenas habían presentado enérgicas demandas en defensa de sus tierras al gobierno virreinal y se había creado un ambiente de agitación.

Los criollos y los mestizos veían cada vez con mayor resentimiento la marginación política y social de la que eran objeto por parte de los peninsulares, quienes a través de la división social de castas se habían perpetuado en el poder político de la Colonia. Además las ideas liberales de la Ilustración francesa introdujeron cambios importantes en España y trastocaron el corazón del sistema colonial con una serie de reformas que se dejaron sentir fuertemente en la Nueva España.

En la agricultura del México colonial por mucho tiempo fueron frenados los intentos de mejorar los sistemas de producción, mientras en Europa y EU ya gozaban de los adelantos de la Revolución Industrial, México en el Siglo XVIII era considerado como un país atrasado, dependiente de la agricultura.

Fue a partir del México independiente del Siglo XIX cuando las cosas comenzaron a cambiar; aunque a finales de ese siglo todavía un 68.8% de la población económicamente activa seguía dependiendo de la agricultura, vale decir que el agricultor continuaba abandonado.

A partir de 1910 el campesino comenzó a tener seguridad en la tenencia de la tierra mediante el régimen legal de la ley del 6 de enero de 1915, que se reafirmó con el artículo 27 de la Constitución de 1917 y fue definitivamente instituido por el Código Agrario, reformado en 1971 con la emisión de la Ley Federal de la Reforma Agraria.

A mediados del Siglo XX la agricultura alcanzó un desarrollo mayor que el incremento de la población humana del país; así, de 1930 a 1946 el crecimiento promedio de la producción agrícola fue del 3.5%, contra el 2.2% del incremento demográfico; de 1947 a 1966 también fue superado el incremento humano por el agrícola (3.2% por 7.1%).

Como resultado de estos logros se habló del “milagro agrícola mexicano”, también conocido como “revolución verde”, nombre con el que se bautizó en los círculos internacionales al importante incremento de la producción agrícola que se dio en el país a partir de 1943 como consecuencia del empleo de técnicas de producción modernas, concretadas en la selección genética y la explotación intensiva permitida por el regadío y basada en la utilización masiva de fertilizantes, pesticidas y herbicidas.

Entonces se satisfizo la demanda interna y hubo excedentes para la exportación. La producción en 20 años se cuadruplicó, lo que dio lugar a un desarrollo urbano e industrial sostenido en las utilidades obtenidas por la exportación. Todo esto fue posible debido a las inversiones aplicadas a la infraestructura agrícola de irrigación y al ensanchamiento de la superficie sembrada, aunque debemos decir que esta mejoría no se reflejó en beneficios para el sector rural, sino que fue aplicado al medio urbano, lo que provocó un retraimiento en la producción del campo que hasta ahora sigue padeciendo.

Las consecuencias no tardaron en presentarse; la demanda de granos básicos se hizo evidente y cereales y otros similares se importaron del extranjero para satisfacer los requerimientos internos.

El campesinado guerrerense ha realizado grandes esfuerzos para superar la agobiante crisis que maltrata a todos los sectores, ya que en esta entidad federativa un gran porcentaje de sus habitantes se dedica a la explotación de la tierra, se han diversificado los cultivos lo mismo que multiplicado las organizaciones de productores con el fin de tornar más eficiente al sector agrícola.

Las instituciones oficiales del ramo, como la SAGARPA, reportan los datos siguientes:

  • El estado de Guerrero cuenta con una superficie agrícola de uso potencial de 771 228 hectáreas, que representa el 12.09% de la superficie estatal.
  • De la superficie agrícola, 93 118 hectáreas son de riego, las cuales representan el 1.46%. Las regiones Costa Grande y Costa Chica son las que cuentan con la mayor superficie de temporal y de riego, siendo los cultivos más importantes el maíz, el cocotero, el café, el mango, el limón y la jamaica.