Adicciones

De acuerdo a diversos diccionarios enciclopédicos como el de la editorial ESPASA y el de Grijalbo, el término adicción se refiere al hábito incontrolable que presentan los individuos que usan o consumen periódicamente alguna droga tóxica, obligados por la dependencia física o psicológica que presentan por ella. A las adicciones también se les llama toxicomanías, y a los adictos, toxicómanos.

La adicción a una droga puede llegar a tal punto que su interrupción produce reacciones psicológicas o físicas graves que afectan al individuo adicto y lo obligan a buscar nuevamente su dosis rutinaria; esta situación por lo general perjudica también en mayor o menor grado a las personas que conviven con él.

Las adicciones más comunes socialmente aceptadas son el tabaco (nicotina) y el alcohol; sin embargo, desde hace dos décadas en nuestro medio se ha difundido ampliamente entre la población el uso ilegal de la marihuana y la cocaína. De hecho después de que durante mucho tiempo nuestro país era un ruta de paso de estas drogas hacia EU, considerado el país con mayor número de adictos, México se ha convertido en un país consumidor, hecho que provoca un grave problema de salud pública; y no sólo eso, según opinión de expertos actualmente el tráfico de estupefacientes, perfectamente organizado, mediante la corrupción o la amenaza, se ha involucrado en todos los niveles políticos, en la mayoría de los grupos policíacos y militares creados para combatirlos, y se ha vuelto un peligroso problema de seguridad social.

Por otro lado, los inhalantes, sustancias químicas tóxicas y muy volátiles, de fácil obtención, constituyen un grupo de drogas muy usadas por niños y jóvenes de bajos estratos sociales y mínima escolaridad, y forman ya parte del grupo de drogas adictivas usadas en México, sobre todo en el medio urbano.

Un fenómeno interesante advertido por conocedores en la materia es que los jóvenes que fuman tabaco o ingieren bebidas alcohólicas usualmente son los más propensos a caer en el uso de drogas mayores ilegales como la cocaína y la marihuana. Asimismo, está plenamente comprobado que los individuos que habitualmente consumen alcohol o alguna otra droga tienen una frecuencia acentuada de alteraciones emocionales y/o trastornos psiquiátricos durante su vida.

Tabaquismo.

El uso del tabaco –fumado o masticado– se denomina tabaquismo; el principal componente adictivo del tabaco es la nicotina, que estimula el estado de alerta de la persona que lo usa y le causa relajación muscular ulterior; sin embargo, además de la nicotina se han encontrado en el tabaco cientos de otros componentes nocivos para el organismo humano. La nicotina es una sustancia sumamente adictiva, con síntomas de abstinencia que incluyen irritabilidad, ansiedad, problemas de sueño, cefaleas, temblores y un deseo irrefrenable de volver a consumir tabaco.

El tabaquismo hasta la década de los 50 del siglo pasado era considerado un hábito inofensivo, socialmente elegante, de buen gusto y digno de imitarse; es en esos años cuando se confirmó la relación indiscutible entre el hábito del fumar y el desarrollo del cáncer pulmonar, padecimiento que ha adquirido las características de una verdadera epidemia.

En la mayoría de los países occidentales el cáncer de pulmón ocupa el primer lugar como causa de muerte por cáncer entre los varones, y en países como EU, donde el número de mujeres que fuma es igual o mayor que el de varones el cáncer pulmonar ha desplazado al cáncer de seno como principal causa de muerte entre las mujeres.

Actualmente también se ha encontrado estrecha relación entre el tabaquismo y la aparición de otros tipos de cánceres como el de boca (mucosa oral, lengua), laringe, esófago, estómago y vejiga. A finales del Siglo XX, estudios epidemiológicos realizados en todo el mundo revelaron que la tercera parte de muertes por cáncer en hombres y un 10% en mujeres se debían al hábito de fumar.

Es también innegable el papel que desempeña el tabaco en el desarrollo de otros padecimientos tales como la enfermedad coronaria (infartos al miocardio), la hipertensión arterial, la enfermedad cerebrovascular, la enfermedad arterial periférica (insuficiencia circulatoria de miembros superiores e inferiores), la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y la úlcera gástrica.

Los fumadores pasivos –personas que no fuman, pero son pareja de fumadores– también sufren los efectos malignos del tabaco; está comprobado que mujeres que no fuman pero están casadas con hombres fumadores tienen dos veces más riesgo de adquirir cáncer pulmonar que aquellas casadas con hombres no fumadores. Este fenómeno, perfectamente comprobado, ha obligado a las autoridades sanitarias a prohibir el tabaquismo en las oficinas públicas y a exigir áreas libres de fumadores en sitios públicos como los restaurantes.

En el país mueren prematuramente 35 000 personas cada año por causas vinculadas con el uso de tabaco; sin embargo, eso no es lo peor: lo más grave es que siendo México un país con tantas carencias, el sector salud se gasta anualmente $20 000 000 000.00 en la atención de miles de enfermos con padecimientos ocasionados por el tabaquismo crónico, con la finalidad de prolongarles la vida.

Desde el punto de vista microeconómico, el presupuesto familiar de los fumadores también se ve notablemente afectado pues el consumo paquete/año de cigarrillos representa un gasto importante en el rubro de los egresos familiares, hecho que impide una utilización más racional y ventajosa de los recursos económicos para toda la familia.


Alcoholismo.

El alcoholismo es un término que se refiere a la adicción al alcohol etílico, por ello también se le llama etilismo. El diccionario médico de la Editorial Océano describe al alcoholismo como la dependencia extrema hacia el alcohol asociada con la aparición progresiva de trastornos en el comportamiento.

El alcohol etílico es el que se ingiere en diversas bebidas comerciales que tienen diversos grados de esta sustancia como la cerveza, el vino de mesa, el mezcal, el tequila, el ron, el brandy, el whisky, el vodka, la ginebra y otros que tienen su origen en la fermentación de los azúcares de jugos vegetales, de frutas o de granos, provocada con levaduras, o en la destilación, que es un procedimiento que elimina el agua, obteniéndose bebidas de mayor contenido alcohólico; es la droga legal de más alto consumo en la sociedad, y por ello esta sustancia cuenta con el mayor número de adictos, pues su uso se encuentra muy arraigado en nuestra cultura. Encuestas realizadas en México entre la población general mayor de 20 años mostraron que alrededor del 70% de los mexicanos son bebedores, y de éstos el 10% bebe en exceso.

El alcohol, tomado en cantidades bajas, produce bienestar, animación, entusiasmo, optimismo y desinhibición, una total euforia, pues, que se convierte en depresión del sistema nervioso central cuando se abusa de la cantidad ingerida, causando la llamada “borrachera”. Por ello es una bebida muy popular entre la población en general; sin embargo, existen factores de tipo cultural y psicosocial bien identificados que influyen en su consumo, como lo demuestra la elevada proporción de alcohólicos encontrados en núcleos familiares investigados; es decir, al igual que el tabaquismo, el alcoholismo generalmente se inicia por imitación, en el ámbito familiar o social cercano, aunque en sus principios no cause al usuario –generalmente jóvenes– algún placer, sino todo lo contrario: malestares físicos en mayor o menor grado.

La embriaguez producida por la ingestión de alcohol puede ser ocasional o habitual; cuando es reiterativa –uso repetido del alcohol, para aliviar tensiones o resolver problemas emocionales– se convierte en adicción y destruye paulatinamente la vida social, familiar y laboral del bebedor, así como su propia salud.

Las consecuencias médicas más frecuentes del alcoholismo son: a) la depresión del sistema nervioso central, en la intoxicación aguda (borrachera), en la cual se observa somnolencia, dificultad acentuada en los movimientos, torpeza al hablar o expresarse, desinhibición, marcha lenta y errática y movimientos involuntarios y rítmicos de los ojos, y b) la cirrosis hepática, en el alcoholismo crónico, cuando hay una verdadera adicción al alcohol, que obliga al individuo a beber en más cantidad –porque su organismo ya creó tolerancia o “aguante”– y con periodicidad más acentuada.

La cirrosis es una enfermedad crónica e incapacitante cuya mayor frecuencia ocurre en la edad más productiva del hombre –alrededor de la cuarta década de la vida– y ocupa el quinto lugar entre las causas de muerte más frecuentes en México en el grupo poblacional de 25 a 64 años y el primer lugar como causa de muerte en los varones de 40 a 50 años; asimismo, este padecimiento es la vigésima causa de enfermedad general en el grupo de 45 a 64 años.

Es un hecho irrefutable que una proporción alta y constante de los casos de cirrosis hepática obedece al consumo de alcohol, hecho que hace que epidemiológicamente se utilicen las tasas de mortalidad por cirrosis hepática para calcular el número de alcohólicos en una población dada.

Los alcohólicos también padecen esofagitis y gastritis alcohólica crónica que pueden desencadenar, después de un tiempo variable, cáncer de esófago o de estómago, neuritis periférica, alucinaciones auditivas y problemas cardíacos. La supresión brusca del alcohol en un adicto provoca debilidad, sudoración profusa e hiperreflexia. La forma más grave del síndrome de abstinencia alcohólica se denomina delírium trémens y es un estado de desequilibrio mental en el que se experimentan alucinaciones auditivas, olfativas o sensoriales; es decir, cosas que en realidad no existen, conjuntamente con síntomas físicos como temperatura y pulso elevados, sudoración excesiva, temblores generalizados y hasta convulsiones; todo ello puede desencadenar la muerte si la persona no es atendida oportunamente.

Por otro lado, está comprobado que el alcoholismo provoca el 20% de los accidentes de tránsito en las principales ciudades del país. Igualmente en actas que se levantaron por lesiones en riñas el consumo de alcohol estuvo asociado en el 51% de los casos. Por otro lado, esta adicción provoca también un gran ausentismo laboral, hecho que causa la pérdida del trabajo en los alcohólicos. En una muestra estudiada de 5000 pacientes con alcoholismo, el 30% carecían de trabajo. Lo descrito se refleja en un costo económico considerable para la comunidad, originado en el uso de los servicios de salud para los lesionados y la falta de productividad de los alcohólicos, entre otros aspectos generales.

Asimismo, los problemas familiares de los alcohólicos son graves; esta adicción induce en los hogares frecuentes pleitos conyugales, maltrato en la esposa y en los hijos, merma en el presupuesto del hogar y numerosas separaciones matrimoniales.

El uso del alcohol en exceso provoca en las personas pérdida del juicio común, inhibe los valores humanos y desinhibe la conducta de los individuos alcoholizados, situación que se comenta porque este hecho influye notablemente en el contagio de enfermedades de transmisión sexual debido a que la persona ebria no mide los riesgos de un contacto sexual fugaz con personas desconocidas y de esta manera contrae con mayor facilidad Sida, sífilis, gonorrea y otros padecimientos de esta índole.

Los problemas causados, pues, por el alcoholismo en la sociedad tienen una dimensión muy alarmante; sin embargo, a pesar de que ya en la Constitución de 1917 se reconoció al alcoholismo como un serio problema de salud pública es hasta 1974 –quizás porque el Presidente de la República de ese entonces y su gabinete bebían públicamente sólo “aguas frescas de frutas”– que se establece en el Código Sanitario la obligación de la Secretaría de Salubridad y Asistencia de diseñar anualmente programas de prevención y tratamiento; el primero de ellos se publicó en 1975.

La Dirección de Salud Mental, de la secretaría mencionada, coordinada con el Instituto Mexicano de Psiquiatría, fue la encargada de fijar las políticas en materia de alcoholismo en el país. Posteriormente se constituyó el Consejo Nacional Antialcohólico, en el cual se contempló la participación de otros sectores, además del sector salud.

Los objetivos gubernamentales han sido –mediante programas educativos y actividades higiénicas, así como con el aumento de impuestos, que hacen más caros tanto los productos con tabaco como los alcohólicos en el mercado– buscar una disminución en la demanda popular de estos productos; es decir, que la gente tienda a beber o fumar con más responsabilidad, con menos frecuencia y en menor cantidad; no obstante, debido al arraigo tan profundo que nuestra sociedad tiene por el uso del tabaco y las bebidas alcohólicas, y el poderío económico tan grande de las industrias tabacalera y alcoholera, involucradas con importantes intereses económicos, los esfuerzos institucionales por disminuir estas adicciones en la población han tenido resultados muy raquíticos.

Cocainomanía.

La cocaína es un alcaloide extraído de las hojas de la coca, un arbusto originario de los Andes de Perú y Bolivia; esta sustancia se usó médicamente durante muchos años como anestésico local, tónico digestivo y nervioso, inclusive era parte de la fórmula original de la Coca–Cola, uno de los refrescos más populares en el mundo, que en sus inicios se preparaba en boticas de la época y que actualmente tiene en su composición cafeína en lugar de cocaína.

La apariencia de esa sustancia es la de un polvo blanco y cristalino que los usuarios inhalan de superficies lisas como espejos o vidrios, o bien con aditamentos tales como cucharillas y popotes. Inhalar en forma crónica esa sustancia causa en los individuos atrofia y pérdida del cartílago nasal, dando a la nariz una forma muy característica (en “silla de montar”), que los usuarios que la sufren tienen que corregir por medio de cirugía especializada.

Esta droga también puede inyectarse, exponiendo al adicto a contraer graves enfermedades como el Sida, la hepatitis B o C, cuando comparte las jeringas con otros adictos. Algunas variedades de cocaína, como el crack o la pasta base, pueden fumarse.

La cocaína es un poderoso estimulante del sistema nervioso central que causa al consumidor un estado de alerta y una sensación de mayor energía. Bajo sus efectos las personas se sienten más seguras de sí mismas, más sociables y parece que todo lo tienen bajo control. Esto ha provocado que sea una de las principales drogas ilegales consumidas en el mundo y que, por ello, sea el principal producto ofertado por los cárteles internacionales de la droga; sin embargo, hay algunos usuarios que presentan intranquilidad, ansiedad y, en casos extremos, ataques de pánico.

Por otro lado, el hecho de que esta droga cause sentimientos poderosos y placenteros provoca que la mayoría de los usuarios busque de inmediato más droga, agravando su adicción y creando una dependencia psicológica muy importante.

Cuando se continúa el uso de esta sustancia de manera prolongada y crónica los efectos estimulantes provocan la aparición de ideas paranoides (sensación de estar vigilado o perseguido por enemigos que no existen); también pueden presentarse alucinaciones visuales, auditivas o sensoriales, así como un estado de malestar general incapacitante debido a que se alteran los periodos de sueño y hay poca disposición para alimentarse adecuadamente.

Es indudable, pues, que el uso de la cocaína es peligroso; al estimular el cerebro esta droga ocasiona que el organismo trabaje a mayor capacidad, aumentando la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la temperatura corporal, que pueden tener repercusiones graves como los infartos y alteraciones del corazón, la ruptura de vasos cerebrales y estados de depresión muy intensos que obligan a consumir más droga; otro evento frecuente entre los cocainómanos es la muerte súbita por sobredosis, situación muy habitual porque los usuarios crónicos buscan efectos más intensos y aumentan paulatinamente la cantidad que consumen, o bien combinan el uso de la cocaína con otras drogas.

Los adictos a cualquier droga alteran notablemente su ritmo habitual de vida; sin embargo, en el cocainómano esto es radical, ya que, por su ilegalidad, el uso de esta sustancia prohibida no es una adicción barata; la ansiedad por consumir la droga provoca en el usuario en muchas ocasiones la necesidad de conseguir dinero a toda costa para comprar sus dosis requeridas y esto lo lleva a realizar muchas veces actividades peligrosas y denigrantes para cualquier ser humano como la prostitución, el robo y hasta el involucramiento en el tráfico de drogas para satisfacer su adicción; con frecuencia terminan en la cárcel por alguno de estos delitos.

La cocaína causa una adicción difícil de solucionar para quienes se han acostumbrado a ella. Se ha comprobado que una de cada 10 personas que la prueban continúa usándola al menos una vez por semana.


Marihuanismo.

La marihuana se obtiene de la planta cannabis sativa, que crece en las regiones templadas y tropicales de todo el mundo. Contiene un compuesto químico llamado tetrahidrocannabinol (THC) que afecta la forma de pensar, sentir y comportarse de la persona que la fuma. Su efecto estimulante sobre las personas que la consumen es diferente de acuerdo a la frecuencia con que se use, la cantidad que se fume y la potencia de la droga usada, e inclusive de la personalidad del usuario; es decir, en el intelectual o el artista –músico, pintor, etcétera– podría estimular su sensibilidad creativa; sin embargo, en personas con problemas emocionales, agresivas o psicópatas las puede inducir al suicidio, a agredir a los que lo rodean, y hasta matar.

En la esfera sexual, la marihuana provoca impotencia en el hombre adicto a ella, pues esta droga ocasiona cambios hormonales que interfieren en los patrones normales de la fisiología sexual.

Al igual que ocurre con las otras drogas conocidas, la marihuana es utilizada con mayor frecuencia que hace 20 años; también tiene efectos más potentes debido a técnicas de cultivo que favorecen un mayor contenido de THC. Se afirma que la marihuana es la droga ilegal de mayor uso en la población de nuestro país y afecta principalmente a la gente joven en edades que van de los 12 a los 19 años.

Con dosis moderadas, la marihuana produce dos fases: euforia leve, seguida de somnolencia. En el estado agudo, quien la usa tiene alteración de percepción del tiempo, inhibición, torpeza en los movimientos, deterioro de la memoria inmediata y ojos enrojecidos (inyectados), Las dosis altas pueden producir alteraciones graves de conducta.

Por supuesto, como la marihuana es una droga inhalada, que se fuma, su consumo favorece trastornos del aparato respiratorio como la bronquitis crónica, el enfisema y el cáncer pulmonar, pues el humo de esta droga contiene 50% más de alquitranes y sustancias químicas cancerígenas que el tabaco.

Por otro lado, su uso aumenta la presión arterial y la frecuencia cardiaca, hecho que la hace un alto riesgo para aquellos que ya padecen presión arterial alta o alguna cardiopatía, o bien están predispuestos a desarrollar estas enfermedades. La utilización de los servicios de salud para resolver diversos problemas sanitarios aumenta en los fumadores crónicos de marihuana.

El uso constante de esta droga hace que el individuo desarrolle no sólo una dependencia psicológica sino también física y, en consecuencia, el adicto busque desesperadamente la droga para consumirla y si no la consigue se muestre irritable y ansioso, inapetente e insomne, y con frecuencia presente también náusea y dolores musculares.

No menos importante es mencionar que la marihuana es una droga muy estigmatizada socialmente y quien la usa carga con estos estigmas; el marihuano provoca en la sociedad temor, desprecio, rechazo y aislamiento.

Inhalantes (Inhalables).

Sustancias químicas, generalmente volátiles a temperatura ambiente; se les llama disolventes y se utilizan ampliamente con fines industriales. Actualmente son muy populares como drogas inhaladas (por la boca o la nariz). Cuando estas sustancias se inhalan penetran con facilidad al organismo por los pulmones y de ahí pasan a la sangre, siendo los órganos más afectados el cerebro, el hígado, los riñones y el corazón.

Se abusa de ellos por sus efectos subjetivos de bienestar y euforia; sin embargo, resultan potencialmente muy tóxicos para el hombre debido a que su uso crónico produce daño cerebral, hepático o renal irreversible. Constituyen un grave problema de farmacodependencia y salud pública ya que son consumidos generalmente por menores de edad, de baja escolaridad y de nivel socioeconómico bajo.

Estas sustancias tienen un efecto depresor importante en el sistema nervioso central, después de la inhalación los usuarios experimentan una sensación de mareo, mayor libertad y confianza, estado de excitación, risas inmotivadas, sensación de bienestar expresada como un sentimiento exagerado de felicidad; escuchan y ven “cosas” a su alrededor que tienen tamaño, color y formas extrañas, y el tiempo y el espacio parecen acortarse y expandirse.

Los efectos físicos (“cruda” o “resaca”) posteriores a los efectos mencionados no son agradables, pues se presenta diarrea, vómito, accesos de tos repetidos. Igualmente se manifiesta lenguaje farfullante, visión doble, mareo y dolor muscular.

El uso de estos productos es peligroso y los usuarios crónicos generalmente mueren por alguna de las causas siguientes:

  • El uso de estas sustancias mediante una bolsa de plástico provoca la asfixia del inhalador, porque éste se queda dormido.
  • Algunos usuarios presentan insuficiencia cardiaca.
  • Otros mueren por sobredosis accidental o propositiva.
  • La sensación de omnipotencia lleva a los usuarios a realizar conductas violentas y temerarias que pueden causar daño a su persona o a los que lo rodean.
  • En algunos casos los efectos son totalmente depresores y hay intentos de suicidio.
  • Como ya se mencionó, el uso crónico de estas sustancias puede ocasionar daños graves e irreversibles en el hígado, riñones, pulmones, corazón y cerebro.

Se ha observado un consumo acrecentado de estos productos porque un consumidor hace gran labor de proselitismo. Existen más de mil artículos comerciales que contienen sustancias inhalantes, como los limpiadores de calzado, removedores de pintura, desodorantes en aerosol, los pegamentos y otros productos, disponibles en tiendas, ferreterías, supermercados y farmacias. Los más usados son los que contienen tíner, tolueno, éter, gasolina, acetona, aguarrás y otros.

La dependencia a los inhalantes ocupa un lugar importante en nuestro país y es un problema complejo, de difícil solución.

Heroína y morfina.

Son dos drogas derivadas del opio (opiáceos), que se aplican en forma inyectable y tienen un gran poder como analgésicos, hecho que provocaba su uso médico para mitigar dolores severos hasta mediados del siglo pasado. Actualmente ya no se usa ninguna de ellas en la práctica médica, pero tienen una gran demanda como drogas ilícitas en EU y otros países.

En México, a pesar de que somos productores de amapola, flor de la cual sacan la goma para producir estos narcóticos el uso de ellos en la población no es importante dentro del tráfico de drogas ilegales que existe en nuestro país.


Aspectos generales.

Estudios efectuados en el país en 1993 y 1998 a través de las encuestas nacionales sobre adicciones han revelado que los patrones de consumo de alcohol, tabaco y drogas ilícitas se han convertido en graves problemas de salud pública.

Así, al alcohol se le relaciona con cinco de las principales causas de defunción: enfermedades del corazón, accidentes, enfermedades cerebrovasculares, cirrosis hepática, homicidios y lesiones en riña.

En cuanto al consumo del tabaco, hay 13 millones de consumidores, de los cuales los adolescentes son considerados grupos de muy alto riesgo. En relación al consumo de drogas ilícitas en personas entre 12 y 56 años se mostró una prevalencia de 5.7%, equivalente a más de 2.5 millones de individuos.

El problema del narcotráfico en nuestro estado no es conocido a ciencia cierta; no obstante, es indudable que es tan grave como en la mayoría del territorio nacional. Sobre el consumo de drogas prohibidas en la entidad tampoco se tienen datos precisos, pero el hecho de que haya grupos de narcotraficantes peleándose el mercado estatal en forma encarnizada indica que el consumo entre la población es mayor de lo que se cree.

Se han realizado estudios parciales que revelan sólo la “punta del iceberg” del problema y dan una idea sobre la situación estatal. Por ejemplo, las encuestas de opinión sobre farmacodependencia de los municipios de Guerrero realizadas en 1985, 1989 y 1992 y el estudio. La dimensión del fenómeno de la drogadicción en la población escolar del nivel medio superior del estado de Guerrero, efectuado más recientemente, revelaron algunos datos interesantes: 17.8% de los encuestados fuman. De ellos, el 11.1% se inició en el hábito antes de cumplir 12 años. El 22.7% de los interrogados consumen bebidas alcohólicas; el 8.9% empezó a hacerlo antes de los 12 años. El 6.1% había probado algún tipo de droga ilegal; de éstos el 20.4% la probó antes de los 12 años.

La mayor parte de los que confesaron una adicción mayor se agrupan entre los rangos de edad que van de 14 a 25 años; de éstos, un 53% consume marihuana, un 30% solventes inhalables, un 15% anfetaminas, un 20% heroína y cocaína. Obviamente, la suma de los porcentajes señalados supera el 100%, y ello se debe a que algunos de los encuestados han usado más de una droga.

En el segundo estudio se observó que los municipios de la región de la Costa Chica y el puerto de Acapulco son los que revelaron un mayor consumo de bebidas alcohólicas en sus diversas modalidades; además, en ese centro turístico va en aumento el uso de sustancias ilegales. También en la Costa Chica –reportan varias dependencias gubernamentales– se ha observado en los últimos años un incremento en el consumo de marihuana entre los jóvenes escolares.

Estudios más recientes, efectuados durante 2007 en Acapulco, Chilpancingo e Iguala, en personas de 12 a 25 años, registraron mayor consumo de bebidas alcohólicas en Chilpancingo (18.2%) que en Acapulco (15.2%) o Iguala (16.1%), con edad de inicio confesada de 10 años.

Las mismas encuestas revelaron una prevalencia muy similar en las tres ciudades en el consumo de tabaco: Chilpancingo, 5.6%; Iguala, 5.4%, y Acapulco, 5.3%.

En relación a la investigación sobre el consumo global de drogas ilícitas, en las muestras de población interrogadas en las mismas ciudades los resultados fueron los siguientes: Acapulco, 4.8%; Chilpancingo, 3.8%, e Iguala, 4.6%.

Como ya se mencionó, estos estudios ofrecen resultados incompletos, sólo cercanos a la realidad, hecho que permite hacer evaluaciones muy parciales sobre estos problemas, difíciles de detectar completamente, sobre todo porque las muestras poblacionales estudiadas son reducidas; por otro lado, por los prejuicios sociales existentes y el temor de los encuestados a aceptar públicamente que usan o manejan drogas ilegales los resultados son truncos y poco confiables.

Algunos investigadores afirman que la única manera de acabar con el narcotráfico y todos los problemas sociales que esto conlleva es legalizar el uso controlado de estas sustancias, como se ha observado con éxito en estudios piloto realizados en Canadá y algunos países europeos; sin embargo, el tráfico de drogas es un problema complejo que requiere de muchos estudios y propuestas para enfrentarlo.

Se dice, por ejemplo, que nuestro país está viviendo una verdadera “narcoeconomía” y que la desaparición del narcotráfico causaría graves problemas económicos a varias regiones del país; por otro lado, se afirma que de las grandes sumas económicas ganadas por los narcotraficantes un porcentaje altísimo va a manos de funcionarios corruptos de alto nivel involucrados en la protección de éstos, hecho por el cual jamás aceptarían la legalización de estas drogas, argumentando motivos de índole moral pero en realidad protegiendo también sus intereses personales.

De hecho, el alcohol es tan perjudicial como las drogas prohibidas, causa gravísimos problemas sociales, ya expuestos en el capítulo sobre el alcoholismo, y, a pesar de ello, es aceptado por las autoridades y la sociedad, ampliamente publicitado su uso, y nos hemos acostumbrado a vivir con su consumo ya casi masivo entre la población.

Es indudable, pues, que la prohibición del consumo de drogas ilegales como la cocaína y la marihuana no resuelve el problema de las adicciones, pero sí enriquece a grandes grupos organizados que se encargan de producir y distribuir estas sustancias a grandes costos para los consumidores, distribuyendo parte de sus ganancias a las mismas autoridades.

(FLE)