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Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Antropología

La arqueóloga Mastache Flores se ha desempeñado de manera destacada en su disciplina primera y como antecedente al estudio en cuestión realizó una investigación sobre “El trabajo de lapidaria en el estado de Guerrero, una artesanía actual inspirada en formas prehispánicas” (1988). Al abordar la temática de la artesanía con un enfoque analítico en el que se estudia una expresión popular que se manifiesta en el contexto de una cultura dominante y donde el capitalismo gravita sobre las culturas subalternas hacen de este libro una obra de consulta indispensable.

Desafortunadamente la arqueóloga Mastache Flores falleció en la Ciudad de México el 23 de abril de 2004.

Independientemente de los estudios realizados por los misioneros del ILV, cuyos principios y fines tenían un carácter de proselitismo religioso y eventual asesoría en planes educativos oficiales, la lingüística mexicana ha sido notoriamente escasa en sus incursiones en las lenguas y dialectos indígenas de Guerrero. Desde el estudio del cuitlateco, realizado por Escalante en 1962 y que permitió el rescate de la memoria de una lengua ya desaparecida, es hasta 1983 que aparece el estudio de una lengua viva: el tlapaneco. Esta lengua se habla en los municipios de Atlixtac, Malinaltepec, Tlacoapa y Zapotitlán Tablas y es inteligible en todos, aunque existan seis variantes de la misma. Otra variante se habla en Azoyú, pero todo indica que mantiene su inteligibilidad con sus vecinos. También hay hablantes de esta lengua en Atlamajalcingo del Monte, Ayutla, Metlatónoc y San Luis Acatlán.

En 1941, Weitlaner recabó un vocabulario de más de cien palabras en su viaje a Acatlán y a Hueycantenago, y a Tlacoapa llegó en los años 50 para estudiar la variante local, el matrimonio misionero de H.V. y Miilie Lemley. En la actualidad el tlapaneco es hablado por más de 90 000 personas.

El dialecto de Malinaltepec fue estudiado por Schultze–Jena y Radin en los años 30 y por Mark L. Weathers del ILV en los 70; la descripción a que nos referimos ahora es la realizada por el lingüista de origen argentino Jorge Alberto Suárez (1927–1985). Este profesionista, destacado por una amplia experiencia y obra en la idiomática de la América indígena, inició su estudio del tlapaneco de Malinaltepec entre 1976 y 1980. Los primeros datos se recogieron con informantes de Tlapa y Chilpancingo, pero fue en la Ciudad de México donde se localizó a una excelente portadora del idioma y dispuesta a las largas sesiones que requiere la metodología lexicológica. Ella fue la señora Carolina Villar de Ávila quien, aunque originaria de aquel municipio, se había asentado años atrás con su cónyuge, también del mismo pueblo, en la capital de la República como muchos ya de sus paisanos. Estos migrantes habían sido mencionados por Oettinger (1980) y constituyen un grupo de identidad en el Distrito Federal que mantiene una liga afectiva con la comunidad de origen.

La obra del doctor Suárez, La lengua tlapaneca de Malinaltepec, fue editada por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM en 1983.

Mucha de la literatura sobre las lenguas indígenas de Guerrero está dispersa en artículos y ponencias, generalmente en idioma inglés y breves cartillas de carácter técnico educativo y proselitista, aunque los informantes han sido siempre indígenas de habla amuzga, mixteca, náhuatl y tlapaneca. No podemos pasar por alto intentos de profesionalizar el registro al menos de dos vocabularios nahuas: uno de ellos, Vocabulario náhuatl de Xalitla, Guerrero, editado en 1979 por el Centro de InvestigacionesSuperiores del INAH(CISINAH, después CIESAS), un listado de mil 500 palabras del náhuatl de ese pueblo de Tepecoacuilco, que procedían del conocimiento de la lugareña Cleofas Ramírez de Alejandro y que registró la lingüista Karen Dakin Anderson, quienes firmaron como autores de la publicación.Lamisma contenía una sección náhuatl–español y español–náhuatl y una tercera relativa a animales y plantas de la región.

Otro ejemplo muy similar al anterior es el denominado El nahua–chontal de Coatepec Costales, Guerrero. Una variante lingüística del náhuatl, realizado a base de un vocabulario particular correspondiente a ese pequeño pueblo.

Este estudio se derivó de un proyecto denominado “Rescate de tecnologías tradicionales: el caso del tlacolol”, y para el cual fue elegida la comunidad de Coatepec Costales. Los autores de tal investigación y de la cual derivó el estudio lingüístico fueron Rosa Román Lagunas, promotora cultural originaria del lugar, y el antropólogo Gerardo Sámano Díaz, de la Unidad Regional Guerrero de la Dirección General de Culturas Populares (DGCP).

Históricamente la población de Coatepec Costales fue en su origen de habla chontal, pero sus vecinos eran en su mayoría de habla náhuatl y según los autores aquélla fue absorbida por la lengua de los conquistadores mexicas y posteriormente por la colonización española. La presencia en el habla cotidiana de reminiscencias chontales se manifiesta en el frecuente uso gutural y ciertos cambios de letras y la desaparición de la terminación tl por la l,por lo cual la convierte en “la variante fusionada del nahua–chontal”.

A pesar de que los autores no señalan “su posición teórico–metodológica en el tratamiento del fenómeno de estudio, sí señalan un camino o un enfoque posible de investigación para conocer las posibles influencias del chontal sobre el náhuatl mediante un estudio comparativo de ambas lenguas”. De esta manera, el libro expone una visión etnográfica del Coatepec Costales actual, una visión lingüística del náhuatl del norte de Guerrero y su variante en cuestión, el abecedario de ella y sus acotaciones gramaticales y el vocabulario nahua–chontal–español. Se hace la precisión de que los vocablos registrados son los de uso cotidiano. Esta decorosa aportación en el avance del conocimiento del estado fue editada en 1991 por la propia Unidad Regional Guerrero de la DGCP.

Los dos tipos de vocabularios reseñados ponen de manifiesto los numerosos procesos de aculturación etnolingüística que han afectado a las distintas variantes del náhuatl.

A propósito del tema, Una Canger, una distinguida lingüista danesa –que será mencionada posteriormente–, pasó en 1984 una larga temporada en el municipio de Teloloapan para realizar un estudio profesional de la variante del náhuatl que se habla en el pueblo de Coatepec Costales. Buscaba determinar la posición lingüística y cultural tanto del lugar como de tal lengua en el área norte de Guerrero, registrando todos los elementos de la dialectología del habla de ese pueblo. Los resultados de ese estudio le servirían para exponer sus conclusiones en varios foros internacionales.

Al final de su permanencia, la doctora Canger editó en su país un curioso libro denominado In tequil de morrales (El trabajo de morrales), que ella misma firmó en coautoría con su informante coatepequense Isaías Mendoza Cerón. El ejemplar resultó una descripción minuciosa, acompañada profusamente de dibujos y fotografías, de la vida cotidiana del lugar y de todo el proceso de la artesanía tradicional del ixtle del maguey que le da nombre al pueblo. El texto está escrito en español y en náhuatl de la variante de aquel lugar y fue editado en Copenhague por el Ministerio de Educación de Dinamarca en 1993.

Los estudios sobre los diversos aspectos históricos, sociales, económicos y antropológicos de la gran región oriental del estado se han venido ampliando notablemente a partir del último cuarto del Siglo XX, como lo hemos constatado en líneas anteriores. En 1982 la UAG otorgó el primer lugar en un concurso de historia convocado por la misma al estudio de Manuel Ríos Morales: Régimen capitalista e indígena en La Montaña de Guerrero editado en1983 por la misma institución convocante.Con un enfoque marxista se analiza en él la situación de los grupos étnicos de esta región y su explotación por el sistema capitalista; es decir, la forma de apropiación de su producción y fuerza de trabajo.

El autor trata de demostrar en este estudio que la problemática de la población indígena se halla conformada por el régimen de producción capitalista y no por las particularidades o elementos culturales étnicos, como lo viene sosteniendo la antropología mexicana y la cuestionable política indigenista del estado.

Con casi la misma perspectiva teórica, Mario O. Martínez Rescalvo y Jorge Obregón Téllez reunieron en La Montaña de Guerrero: economía, historia y sociedad, editada por la UAG y el INI en 1991, una serie de ensayos que pretenden dar una panorámica totalitaria de esa región del estado. En el prólogo un destacado antropólogo afincado en Chilpancingo, ArturoMonzón Estrada (1917–1995),advierte que los autores “sin grandes pretensiones ni en la teoría, ni en la investigación, ni en la política, pero con profundo sentido y trabajo exhaustivo, han captado y descrito la realidad lacerante de la vida de los campesinos en la Montaña guerrerense. Hacen un magnifico compendio de la dinámica y de la realidad histórica oficial y, especialmente, de la historia reciente y de la organización para acomodarse a las vicisitudes de la vida mexicana moderna”.

Los asuntos tratados y resumidos en cerca de 400 páginas van desde una historia mínima de la región, las características geográficas, lenguas y grupos étnicos, demografía, condiciones de vida, desarrollo agropecuario y forestal, la técnica agrícola del “tlacolol”, los rituales agrícolas de fertilidad, la ganadería caprina, la problemática agraria, la industria y la artesanía, etcétera.

En 1928 llega a Taxco un turista estadounidense, William Spratling, quien vislumbra el potencial de una modesta artesanía local ejecutada por algunos artífices de la plata en un pueblo de apenas dos mil habitantes y cuya gloria de producción argentífera había quedado sepultada en el pasado.

El libro de Gobi Stromberg, El juego del coyote: platería y arte en Taxco, trata profundamente sobre la actividad artística que dio fama internacional a esta expresión, así como al paisaje de esta población guerrerense. La visión de Spratling y su concepción del trabajo artesanal de la platería dentro de un gran taller trascendió en una manifestación que vino a revitalizar tanto el norteamericano como la misma revalorización de una estética que la Revolución mexicana hizo resurgir en las artes populares.

Con un enfoque socioeconómico y antropológico, Stromberg desarrolla su estudio a partir de los antecedentes históricos y la presencia del impulsor norteamericano, así como la aparición de los grandes talleres: su auge y su decadencia, la transformación de la producción y el taller familiar, la diversificación e imitación de estilos y diseños, los mayoristas, el intermediarismo y el coyotaje, la reventa de la artesanía, la crisis de la industria en 1980, la industria turística local y su repercusión en el mercado platero, las políticas del Gobierno Federal, resultan algunos aspectos interesantes tratados por la autora.