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Antropología

La relevante obra de la doctora Dehouve, ya traducida regularmente al español, ha continuado hasta nuestros actuales días. En 1995 dio a conocer Hacia una historia del espacio en la Montaña de Guerrero que resulta una recopilación e interpretación de documentos “que fueron redactados por los indígenas, ya sea en pictogramas o en caracteres latinos, y que se refieren a la pequeña vida local, como relaciones de subordinación entre los señores de un lugar respecto a los de otro, deslindes agrarios entre pueblos, etcétera...” Entre los poblados mencionados y citados en la obra están los relatos de la fundación Xalatzala, Ocotequila, Tlaquilcingo, Teocuitlapa y Malinaltepec y sus lienzos, Zapotitlán Tablas, el Lienzo de Petlacala.

La Montaña de Guerrero se distingue por la riqueza de sus fuentes indígenas y en realidad sus documentos pictográficos “consignan la memoria de acontecimientos pasados tal como se conservaba en un lugar dado... En todo caso, La Montaña de Guerrero es típicamente una región en la que no sólo es posible, sino necesario, reconstruir una historia del espacio” y por lo cual la autora presenta los documentos con una tentativa de análisis.

A mediados de los años 90, dos instituciones, el INI y el CIESAS, con base en las experiencias como la enunciada en líneas anteriores, concibieron una obra colectiva a fin de “examinar el papel real jugado por los pueblos indios en la conformación de nuestro presente y devolverles el sitio primario y primordial que en él les corresponde”. Al efecto editaron una Historia de los pueblos indígenas de México en 1995 y a Daniéle Dehouve le correspondió el volumen Entre el caimán y el jaguar. Los pueblos indios de Guerrero, donde “el río Balsas y la Sierra Madre del Sur constituyen el marco natural que los habitantes del territorio... tuvieron y han tenido presente en la conformación de su estilo de vida. Desde los tiempos prehispánicos, el río y la montaña han influido en la organización económica, social y cultural de los ocupantes de la región”.

Este paisaje natural sirvió de contexto por siglos y fue escenario de la vida cotidiana y aún con la irrupción conquistadora, pero “lo que sí se transformó violentamente fue la composición étnica de la población: los indios casi desaparecieron y su lugar fue ocupado por negros, españoles, filipinos y sus mezclas”, lo que condujo al “surgimiento de la sociedad novohispana: destrucción cultural, caída demográfica, sobreexplotación de la mano de obra indígena, evangelización, sincretismo religioso, todos los elementos necesarios para el posterior nacimiento, durante el Siglo XIX, de la sociedad y culturas mestizas característica de la región”.

En 2001, el CIESAS publicó otra investigación también de la misma autora: Ensayo de geopolítica indígena. Los municipios tlapanecos, resultado de un “trabajo de campo llevado a cabo entre los años de 1974 y 1976 en la zona de habla tlapaneca del sur de la Montaña de Tlapa...” y que lleva a considerar seriamente que la concepción de la comunidad indígena caracterizada “por su cohesión interna y su gusto por la tradición es de poca ayuda para entender esta cambiante realidad actual”, por ende “cuando los indígenas hacen política, en realidad hacen geopolítica, porque en una región indígena las relaciones de poder no se pueden desligar del territorio ni de la tierra...”

Los municipios estudiados por la autora fueron Zapotitlán Tablas, Tlacoapa y Malinaltepec, que junto con el de Acatepec (segregado de Zapotitlán Tablas en 1993) conformaron su universo de estudio y la condujeron a la clarificación de nuevos conceptos que pueden servir para el estudio futuro de las regiones indígenas, a considerar: el Estado y el territorio, la cuestión agraria, el trabajo colectivo, la concepción de localidad, el interés personal, los grupos localizados de interés y cooperación, el interés colectivo y la remunicipalización. Todo esto como resultado de la cada vez más acentuada tendencia de la politización de muchas cabeceras y sus localidades dependientes, que se presentan como tomas de posición y búsquedas de “autonomías” y que en las comunidades indígenas podrían considerarse como una resistencia en contra del Estado y que se han ido conformado en los últimos tiempos.

Hasta aquí la reseña de parte de la importante bibliografía de la doctora Dehouve, a quien seguramente volveremos a encontrar en párrafos posteriores.

En la misma época en que la antropóloga francesa terminaba su estancia en Xalpatláhuac, otro investigador estadounidense, Marion Oettinger, llegaba al área y se instalaba con su esposa en la comunidad tlapaneca de Tlacoapa, enclavada como tantos otros asentamientos en lo más intrincado de la orografía regional. Invitado por los misioneros del ILV, H.V. Lemley y su esposa, que estudiaban la lengua nativa desde hacía ya muchos años, visitó Tlacoapa, Zapotitlán Tablas y Malinaltepec en 1976. Las pocas referencias que sobre los indígenas tlapanecos hasta entonces se encontraban en la bibliografía antropológica no lo disuadieron de su afán de estudiar a este grupo étnico ni la leyenda negra que sobre la entidad se manejaba: “Violencia y Guerrero se han convertido en términos sinónimos en las mentes de muchos mexicanos, y también de los turistas extranjeros”. Pero en el prefacio de su estudio afirmó: “Sin embargo, mi propia experiencia, tanto con los guerrerenses como con los tlapanecos, indica que el grado de violencia y de comportamiento maligno de la población, sobre el cual han informado otras personas, es drásticamente exagerado. Jamás tuve motivos para temer por mi seguridad durante los 11 meses que residí en Guerrero... Es posible que también las pasadas actitudes de los políticos de Guerrero hacia la profesión de antropólogo expliquen la falta de estudios en la región”.

El investigador hace referencia al dictamen, muy posterior al “hallazgo”, que realizaron varios historiadores y antropólogos que descalificaron el hecho de que los restos de Ixcateopan se consideraran como auténticos. “Las relaciones entre los funcionarios de Guerrero y los antropólogos se volvieron muy tensas...”

El resultado de la investigación de Oettinger, Una comunidad tlapaneca. Sus linderos sociales y territoriales, fue editada en español por el INI en 1980. En principio pensaba realizar una monografía clásica sobre una comunidad indígena mexicana; sin embargo, la complejidad de la cultura tlacoapeña, como la de cualquiera otra visión sobre un pueblo indio del país, lo fue guiando hacia aspectos que merecían al menos la atención particular del investigador.

Esto fue evidente, pues mientras Oettinger permanecía en el pueblo, en sus esporádicas salidas llevaba siempre consigo material que obtenía, junto con su esposa, para publicarse en forma de artículos previos a la conclusión de su estudio para visitar a colegas e intercambiar impresiones o visitar tlacoapeños residentes en la Ciudad de México y constatar en ellos su acendrado arraigo aun lejos del terruño. Esa identidad del tlacoapeño está fundamentada en la relación que éste establece con la tenencia de su parte en la tierra comunal del municipio, siendo esta unidad político–administrativa y sus linderos el ámbito político, económico y social de la dinámica comunitaria de esta porción del elemento tlapaneco.

Los migrantes contribuyen con ayuda legal y monetaria para mantener la cohesión interna del pueblo y permitir el desarrollo de su vida cotidiana: el medio ambiente del municipio y de la comunidad de Tlacoapa; el ciclo vital (nacimiento, infancia, matrimonio y madurez, ancianidad y muerte); la jerarquía interna de cargos civiles y religiosos de carácter imperativo (“el dinero del santo”, como lo describió Dehouve en Xalpatláhuac); la casa de los “cargueros” (que, provenientes de las comisarías y rancherías, deben residir solos en la cabecera mientras desempeñan sus cargos); la economía con base en su agricultura y su tecnología, su silvicultura, la ganadería y el mercado.

Asimismo describe el matrimonio, endogámico casi siempre, con sus particularidades, como “la quema de la leña”, y las organizaciones formales e informales de los tlacoapeños en la Ciudad de México y la comunidad de Tlacoapa y su futuro.