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Antropología

En 1968, David C. Grove, profesor del Departamento de Antropología de la Universidad del estado de Nueva York (EU) realizó una exploración formal en una cueva de los alrededores de Chilapa. La noticia sobre este lugar la había obtenido del ingeniero Juan Dubernard, de Cuernavaca, quien había sido informado y visitado aquella cueva y había constatado las extraordinarias pinturas que contenía.

Con la autorización del INAH, el arqueólogo pudo comprobar las muy malas condiciones en que se encontraban, aunque todo parecía indicar que sus contornos estilísticos pertenecían al arte y cultura olmecas que tuvieron su mayor expresión entre 1200 y 800 a. de C., lo que hacía que esas pinturas pudieran ser consideradas entre las primeras y más importantes de la prehistoria mexicana. Las pinturas en los murales de la cueva de Oxtotitlán, lugar cercano a Chilapa, Acatlán y Zitlala, fueron clasificadas en policromáticas, monocromáticas en rojo y monocromáticas en negro; resaltaban en ellas figuras humanas, jaguares, cabezas olmecas con bocas infantiles, dibujadas en las dos grutas en que se divide la caverna y según su situación dentro de la misma. Asimismo aparecían representaciones de “monstruos de la tierra” o cipactlis con rasgos parecidos al caimán, al lagarto o cocodrilo.

 Cuenco con soporte de asas, encontrado en Xochipala.

Grove, después de estudiar detenidamente la cueva de Oxtotitlán, se dirigió a Juxtlahuaca, en cuya gruta, a 1200 metros de profundidad, se habían descubierto hacía ya muchos años pinturas rupestres que fueron las primeras expresiones pictóricas con un uso importante del color, consideradas como olmecoides y que aunque diferentes y más coloridas que las de Oxtotitlán confirmaban la presencia de una expansión y un estilo olmecas provenientes de las costas del Golfo de México y el paso por el territorio de Guerrero de los grupos humanos más diversos y culturalmente diferenciados, contribuyendo así a la aún incipiente exploración en el pasado histórico de la entidad.

Los resultados de los estudios de David C. Grove, Los murales de la cueva de Oxtotitlán, Acatlán, Guerrero. Informe sobre las investigaciones arqueológicas en Chilapa, Guerrero, noviembre de 1968, fueron publicados por el INAH en 1970.

Aunque el interés de Jaime Litvak King por la entidad ha sido fundamentalmente por el aspecto arqueológico, su tesis profesional de Maestría en Antropología presentada en 1963 la enfocó a partir de apoyarse en las relaciones de la arqueología con la historia y la antropología con un método etnohistórico que pudiera constituir un triángulo indisoluble para llegar a conclusiones. Su objetivo era efectuar una reconstrucción de los fenómenos de orden socioeconómico provocados por las expansiones mexicas y la carga tributaria consecuente sobre las poblaciones sometidas.

El estudio trataba pues de dilucidar cuál era “el monto del tributo, la carga que representaba sobre la economía y la vida diaria de los habitantes de la región que lo pagaban, sus determinantes, tanto de cantidad como de surtido, cómo llegaba a manos de sus receptores, los usos a que se destinaba y las consecuencias que su introducción tenía en la economía receptora”. Ésta no era más que la que correspondía al poderoso imperio azteca, cuyos territorios conquistados se convertían en provincias tributarias y se extendían desde el Golfo de México al este, hasta el océano Pacífico al oeste, y desde el río Balsas hasta el Soconusco.

Bajo este dominio quedaron Cihuatlán, que comprendía la región hoy conocida como Costa Grande, desde un lindero que partía desde la desembocadura del río Balsas entre el estado de Michoacán hasta un punto cercano a Acapulco, y Tepecoacuilco, que cubría partes de la cuenca media del Balsas en la región central norte de Guerrero y se extendía desde Tetela del Río (Gral. H. Castillo) hasta Tlacozotitlán (Copalillo).

El estudio de Litvak, Cihuatlán y Tepecuacuilco. Provincias tributarias de México en el Siglo XVI, editado por la Universidad Autónoma de México en 1971, sólo representó un preámbulo a su posterior tarea de volcarse en la arqueología de campo como darán constancia su aportaciones posteriores.

En 1967 llegó a nuestro país, becada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y apoyada financieramente por la Misión Arqueológica y Etnológica Francesa en México (tiempo después convertida en Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos [CEMCA]), la estudiante también gala Danièle Dehouve para realizar estudios entre la población indígena del país. Alentada por los directivos del Instituto Nacional Indigenista se dirigió a reconocer una parte importante de la amplia región de la Montaña, de la cual se tenían muy escasas referencias, y conoció así diversas comunidades tradicionales.

Para desarrollar sus tesis, que la llevarían a conformar su recepción doctoral, eligió la comunidad de habla nahua de Xalpatláhuac que, en esos años, conservaba plenamente su organización interna a través del sistema de cargos como “resultante de un conflicto entre una estructura colonial, en otro tiempo impuesta por los españoles, y la introducción reciente de una economía de mercado basada en la competencia”.

El sistema de cargos civiles y religiosos era el sostén medular de la cultura de los nahuas de Xalpatláhuac y entre los religiosos destacaba la mayordomía alrededor de un santo que se particularizaba por un fondo monetario o capital que sirve para rotarse en la comunidad con calidad de usura y cuyo interés acumulado, junto con el proveniente de otras transacciones comerciales, servía para hacer frente a los gastos de la fiesta del santo. Este manejo de dinero o del monto de las limosnas recabadas en las otras festividades se convirtió en una razón para discordias y divisiones intestinas que convirtieron este rasgo en una competencia económica, lucha individualista y de desacralización a la que contribuyó la creación de dos nuevos cargos políticos y lucrativos: la Presidencia Municipal y la Junta Católica, que rivalizaron con los cargos tradicionales. La estabilidad cultural de Xalpatláhuac –que es también un importante santuario– se ha visto afectada asimismo por la carretera que la conecta con la ciudad mestiza de Tlapa y por lo tanto con el resto de la República Mexicana.

En 1976 Danièle Dehouve presentó su libro El tequio de los santos y la competencia entre los mercaderes, ensuversiónal español y editado por el INI, pues el año anterior había sido publicado en francés como resultado de su examen de doctorado de tercer ciclo en la Universidad de París. Tras esta reseña de una obra tan importantedelaantropóloga francesa se debe considerar que toda la profundidad de su estudio implicó el aprendizaje y la casi total comprensión de la lengua nativa de la comunidad –el náhuatl– así como más de 17 meses de estancia en la misma entre los años 1967 y 1969. Mientras permanecía en el área la profesionista publicó más de 15 artículos o ponencias en su mayoría en idioma francés y difundidos en revistas y documentos especializados.

En 1985 presentó como tesis para obtener el reconocido grado del Doctorado de Estado en Letras y Ciencias Humanas en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, un amplio trabajo en dos volúmenes con un enfoque histórico sobre la organización social y producción comercial en la región de Tlapa abarcando del Siglo XVI hasta 1984. La tesis fue publicada en francés en 1990 y en español en 2002 por la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) y el CEMCA, bajo el título de Cuando los banqueros eran santos. Historia económica y social de la provincia de Tlapa.