Miércoles  21 de agosto de 2019.

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Ing. Sandra de Jesús Sánchez

Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Antropología

La obra de Seler es reconocida ampliamente por la antropología mexicana y en algún momento mostró interés por realizar proyectos arqueológicos en la parte “chontal” del estado (en ese tiempo, aun cuando ya la lengua había desaparecido, se le suponía localizada en una área comprendida por Tetipac, Taxco, Iguala, Cocula, Arcelia, Ixcateopan y Pilcaya) para lograr secuencias culturales que permitieran establecer la cronología de las culturas mesoamericanas. Gracias a su influencia logró, en 1910, la creación de la Escuela Internacional de Etnografía y Arqueología Americana, de la cual fue su primer director. Dejó México en 1911 y murió en Berlín en 1922. Su interpretación de la lápida de Huitzuco se dio a conocer hasta 1953 en la revista Yan.

La otra referencia se ocupaba de un aspecto lingüístico, pues se trataba de un “vocabulario en lengua cuitlateca de (San Miguel) Totolapan” publicado en 1903 por don Nicolás León, pionero de los estudios antropológicos en el país, en los Anales del Museo Nacional de México. Para mediados del Siglo XX esta lengua también había desaparecido por completo, pero algunos antropólogos recabaron a su paso y en diversas épocas por la región de San Miguel Totolapan, Ajuchitlán del Progreso y Atoyac de Álvarez (Tierra Caliente y Costa Grande) varios vocablos aislados retenidos insólitamente en la memoria de algunos vecinos (Weitlaner en 1936, Hendrichs en 1939, McQuown en 1940, Valiñas en 1979).

Esta situación nos proporciona una idea de la amplia área que en la época prehispánica cubría la cultura cuitlateca: Cutzamala, Pungarabato, Tlapehuala, Tlalchapa, San Miguel Totolapan, Ajuchitlán, Coyuca de Catalán, Coahuayutla. La Unión, Apaxtla, Petatlán, Tecpan, San Jerónimo y Atoyac.

Debido tal vez al movimiento revolucionario, aunque los Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología no dejaron de publicarse, las referencias hacia los aspectos culturales de Guerrero tuvieron un receso de varios años o sólo aparecían eventualmente como noticias aisladas, con la excepción de la comunicación de Adela Breton C. sobre los “Manuscritos que existen en el Museo Británico” aparecida en la revista Ethnos en 1922.

Uno de los documentos consistía en un “Yndice de los curatos y vicarías, con la razón de lenguas y distinción de alcaldías mayores”, hecho tal vez en 1768, que se refería a la conformación poblacional de las diócesis de México. En la de Puebla, adonde pertenecía parte del territorio guerrerense, figuraban la “Alcaldía de Tixtla: Tixtla y Apanco, lengua mexicana. Alcaldía de Chilapa: Chilapa, Tlacozautitlan, Ahuacouzinco, Zitlala, Cachultenango y Chacalinitla, lenguas mexicana y tlapaneca; frailes evangelizadores agustinos. Alcaldía de Tlapa: Atlistaca, Totomistlahuacan, Atlamaxalcingo, Acatlán de la Costa, Xochihuehuetlán, Huamiestitlán, Cualac, Olinalá, Tlapa y Alcozauca; lenguas mixteca, tlapaneca y mexicana; frailes evangelizadores agustinos”.

En el mismo año se dio a conocer el hallazgo de la “máscara de Malinaltepec”, objeto de mosaico con incrustaciones de jade, producto de una exploración arqueológica realizada por Porfirio Aguirre, ayudante del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, dirigido en ese tiempo por don Luis Castillo Ledón.

Por la calidad de su elaboración y belleza, la autenticidad de la máscara fue puesta en duda y dio origen a muchas controversias, por lo que fue necesario el dictamen aprobatorio de reconocidos estudiosos, entre ellos el ya mencionado William Niven, que para ese entonces todavía vivía en el estado, y Hermann Beyer, arqueólogo alemán fundador de la prestigiada publicación El México Antiguo yde la Sociedad Alemana Mexicanista. La máscara se exhibe actualmente, en un lugar sobresaliente en la Sala de las Culturas de Occidente del Museo Nacional de Antropología (MNA).

Resulta oportuno decir que la Sociedad Alemana Mexicanista se conformó a partir de un grupo de 12 inmigrantes alemanes que desde fines del Siglo XIX y principios del XX mostraban interés por el pasado prehispánico y colonial mexicano, así como por su población indígena. Por tal razón se reunían de manera informal para intercambiar observaciones y excursionar en diversos pueblos y sitios de su interés. La sociedad se fundó en 1923 y a ella se incorporaron varios investigadores mexicanos que la consolidaron y aseguraron la continuidad de El México Antiguo, cuyo primer volumen apareció entre 1919 y 1922.

La siguiente aproximación antropológica al conocimiento de las culturas asentadas en el estado fue la que se refería a unas “Notas sobre la lengua tlapaneca de Guerrero” de Paul Radin, etnólogo de origen polaco, y publicadas en EU en 1932. Los informantes de Radin fueron tres jóvenes internos en la “casa del estudiante indígena” en la Ciudad de México originarios de Azoyú e Iliatenco (Malinaltepec).

Será a fines de la década de los años 20 y principios de los años siguientes que, incipientemente, empezarán a incursionar en territorio guerrerense verdaderos interesados en los múltiples aspectos antropológicos de la entidad, que hasta ese entonces se presentaba ante ellos como una verdadera incógnita y un auténtico reto.

Pudo haber sido la regularización oficial del tránsito de la carretera México–Acapulco, terminada en 1928, el hecho que vino a franquear, en parte, la legendaria inaccesibilidad y el aislamiento ancestral de la entidad sureña. Además por la parte del gobierno estatal entre 1939 y 1940 se dio un énfasis en la comunicación carretera al interior de la entidad con vías para comunicar Iguala–Teloloapan–Arcelia–   Pungarabato (Cd. Altamirano), Chilpancingo–Chichihualco y Chilpancingo–Tixtla–Chilapa.

Entre 1929 y 1930 un geógrafo y antropólogo alemán, Leonhard Schultze–Jena (1872–1955), realizó un recorrido por la región de La Montaña y registró mitos, leyendas y lugares sagrados de los nahuas, mixtecos y tlapanecos, además de describir sus recursos naturales y muchos aspectos de la cultura material, el paisaje y los sistemas agrícolas de la población indígena de Chilapa, Zitlala, Tlapa y Malinaltepec.

En el aspecto lingüístico anotó y presentó asimismo varios textos en mixteco y tlapaneco. Las excelentes fotografías que acompañan a su obra nos muestran además los tipos físicos de esta región; sin embargo, y lamentablemente, aunque multicitado en diversas publicaciones sobre la Montaña de Guerrero, el libro de Schultze Jena titulado Bei den Azteken, Mixteken und Tlapaneken der Sierra Madre del Sur von Mexico –editado en 1938– permanece hasta nuestros días en su idioma germano original.