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Ing. Sandra de Jesús Sánchez

Ing. Fernando Sánchez Garibay

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Salud Pública

Al erigirse nuestra entidad federativa, el 27 de octubre de 1849, ésta era eminentemente rural y carecía de infraestructura, pues no existían fuentes de trabajo, caminos, escuelas ni hospitales. Presentaba un atraso socioeconómico tan grave entre la mayoría de la población, equiparable al que existió en la Europa medieval, situación provocada por un sistema social heredado de la época colonial, y que se basaba en un absoluto feudalismo en el campo y en terribles cacicazgos en los pueblos, dentro de un sistema de opresión y servidumbre para la población desposeída, que era la inmensa mayoría

Todo ello provocaba una gran morbi–mortalidad en la población, que hacía que los guerrerenses tuvieran una esperanza de vida, al nacer, de 25 años, situación similar a la que se vivió en el continente europeo durante la Edad Media. La gente moría en el mayor desamparo médico, pues no había profesionistas de la medicina en la entidad que aun con el conocimiento científico de la época pudieran servir para paliar los problemas sanitarios.

Las enfermedades que diezmaban a la población de la entidad eran fundamentalmente infecciosas y parasitarias, tales como la viruela, el paludismo, el tifo, la tuberculosis, las enfermedades diarreicas y las parasitosis intestinales. Otras enfermedades menos mortíferas, como la lepra, el bocio y el mal del pinto, también provocaban graves problemas sociales entre la población guerrerense.

La situación sanitaria era deplorable; las principales comunidades no contaban con abastecimientos de agua potable ni con drenaje, las aguas utilizadas corrían superficialmente hacia las barrancas. El fecalismo a ras del suelo era común en la población, situación que causaba también notable contaminación del medio, influyendo esto en la prevalencia de enfermedades gastrointestinales.

En ese entonces la institución nacional responsable de regir la salubridad en el país era el Consejo Superior de Salubridad –en funciones desde 1841–, que limitaba sus acciones al Distrito Federal, pues los estados y los municipios eran jurídicamente autónomos para controlar la salud de sus habitantes y, por otro lado, el Consejo carecía de los recursos humanos y materiales necesarios para intervenir en la salubridad de las entidades federativas.

Esto provocaba que en los estados de la República se formaran Juntas de Sanidad, encargadas de establecer y vigilar el régimen a que debería someterse la salubridad pública. En 1886 el Consejo logró el control sanitario de puertos y fronteras, debido a la amenaza que representaban para la población mexicana algunas enfermedades contagiosas inexistentes en el país, pero que podían llegar a nuestro territorio en cualquier momento; éste era el caso del cólera, la peste y otras más. Para ello creó en todos los puertos y en las principales ciudades fronterizas delegaciones del consejo que intentaban impedir el paso de enfermos al país; sin embargo, las entidades federativas continuaban con su autonomía en salubridad pública, por los motivos ya mencionados.

La Delegación del Consejo Superior de Salubridad del puerto de Acapulco, que estaba a cargo de un médico nombrado como delegado directamente por don Porfirio Díaz, fue la primera institución sanitaria federal instalada en nuestro estado, hecho sucedido en 1890; esta delegación –que estaba instalada en la isla de La Roqueta– tenía como función básica impedir el ingreso de enfermos contagiosos, que pudieran desembarcar en Acapulco y desencadenar brotes epidémicos en el país. Esta delegación no tenía autoridad sanitaria sobre la población de la ciudad, de la cual se encargaban las autoridades municipales y estatales, representadas por la policía sanitaria del puerto.

En 1910 el último gobernador de la era porfirista, don Damián Flores, inaugura un Hospital General de 30 camas en Chilpancingo, primera unidad de salud de la entidad. Este nosocomio, que tenía un elegante y atractivo estilo arquitectónico neoclásico, se empezó a construir desde 1896, durante el gobierno de Antonio Mercenario, pero el levantamiento del inmueble fue un proceso lento, que se llevó casi 15 años, entorpecido y retrasado por los terremotos de 1902 y 1907, que dañaron severamente la estructura del edificio. De hecho, desde finales del siglo XIX este hospital ya funcionaba parcialmente.

El resto del estado carecía de organización sanitaria; además de Chilpancingo, ninguna de las principales poblaciones tenía oficinas o unidades sanitarias que vigilaran la salubridad pública en la entidad o prestaran ayuda sanitaria a la población enferma. Por ello, eran comunes y “naturales” entre la población altas tasas de morbilidad y mortalidad y una corta esperanza de vida, es decir, la población enfermaba mucho y la mayoría moría en las primeras etapas de su vida.

Los problemas sanitarios de los habitantes de Guerrero sólo eran atendidos por las autoridades cuando se presentaban en las comunidades graves epidemias, recurriendo la población directamente o por medio de las autoridades estatales al Consejo Superior de Salubridad. Era habitual que en las oficinas de esta institución en la Ciudad de México se presentaran personas –frecuentemente maestros rurales– procedentes de municipios de Guerrero muy distantes, reportando brotes de enfermedades y solicitando vacuna antivariolosa, sueros antiponzoñosos, vacuna contra la tifoidea y otros biológicos, o bien comprimidos o ampolletas contra el paludismo.

Por lo anterior, las intervenciones en salud reportadas en los informes anuales de los gobiernos guerrerenses previos al movimiento revolucionario y los posrevolucionarios, se limitaban a señalar brevemente y como única acción sanitaria de su administración la petición de vacuna antivariolosa al nivel federal, misma que era aplicada a la población –al no haber más– por las prefecturas distritales.

En 1917 el Congreso Constituyente crea, a propuesta del doctor José María Rodríguez, diputado y miembro de dicho Congreso, el Consejo de Salubridad General, organismo normativo nacional autónomo, con potestad jurídica para dictar disposiciones y normas de observancia general y obligatoria en todo el país, mismo que pasó a depender directamente de la Presidencia de la República; igualmente crea el Departamento de Salubridad Pública, organismo ejecutivo nacional que podía subordinar a su autoridad –en asuntos de higiene pública– a las demás dependencias del Poder Ejecutivo Federal en estados y territorios, que hacía del departamento una institución de jurisdicción federal, con facultades legales para hacer obligatorias las medidas sanitarias en todo el país. Ambas instituciones suplían al viejo Consejo Superior de Salubridad.

No obstante lo anterior, las deficientes condiciones socioeconómicas del gobierno postrevolucionario no permitieron llevar a la práctica en todo el ámbito nacional la ampliación de poderes conferidos jurídicamente al Departamento de Salubridad Pública en materia de sanidad, y, por otro lado, la miseria, la ignorancia y la incomunicación en que vivía la mayoría de la población guerrerense imposibilitaba la existencia de condiciones sanitarias apropiadas en el estado. El atraso socioeconómico de la entidad continuaba siendo uno de los más acentuados del país y, por ello, no tenía una mínima infraestructura que le permitiera avanzar en su desarrollo general.

En 1922 se publican los primeros registros epidemiológicos del país, desglosados por entidad federativa. En Guerrero las principales causas de mortalidad fueron las siguientes: 1.Neumonía e influenza; 2.Fiebre y caquexia palúdica; 3.Viruela; 4.Muertes violentas; 5.Tuberculosis del aparato respiratorio; 6.Bronquitis; 7.Sarampión; 8.Tosferina; 9.Tuberculosis de las meninges o del sistema nervioso central, 10.Debilidad congénita.

En 1926 el Departamento de Salubridad Pública formaliza la creación de delegaciones estatales, al expedir el nuevo Código Sanitario, documento en el cual quedó precisado el establecimiento de estos servicios sanitarios en la República.

Un año después se instala en Guerrero una Delegación del Departamento de Salubridad Pública, con ubicación en Iguala, quedando a cargo del doctor Galo Soberón y Parra; con ella, eran tres las instituciones oficiales que había en Guerrero: la Delegación de Puertos y Fronteras de Acapulco, encargada de la sanidad internacional; el Hospital Guerrero, de Chilpancingo, dependiente del Gobierno del estado; y ahora la Delegación del Departamento de Salubridad Pública, en Iguala; con su instalación se estaba dando un gran paso para atender la salud de la población; sin embargo, era francamente imposible que esta delegación pudiera atender todo el territorio del estado, por falta de infraestructura sanitaria y de otra índole, como comunicaciones, por ejemplo: La salubridad local continuaba regida legalmente por las autoridades estatales y municipales, quienes carecían de los recursos humanos y materiales necesarios para cumplir con esta obligación y aún así no aceptaban la intromisión de la delegación en algunas actividades de control sanitario, situación que creaba conflictos.