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Pinto, Mal del

El pinto es una enfermedad autóctona de Latinoamérica, prácticamente desaparecida, con manifestaciones solamente en piel, de larga evolución y no mortal. En su fase temprana da placas rojizas y descamativas, llamadas popularmente “jiotes” o “empeines”, y en la tardía provoca manchas de diversos tamaños, de color “plomizo”, rosado o francamente blancas que alteran la coloración normal de la piel y que se ubican casi siempre en las regiones salientes, como codos, nudillos de las manos, tobillos, etc. Es contagiosa y producida por una bacteria llamada treponema herrejoni, en honor del doctor Salvador González Herrejón, médico michoacano que dedicó su vida al estudio de esta enfermedad. Si bien esta enfermedad no ponía en riesgo la vida de los enfermos, éstos sufrían grave rechazo social que los afectaba en todos aspectos.



El mal del pinto ha sido un padecimiento muy ligado al estado de Guerrero, pues a pesar de que se detectó en 15 estados de la República, siempre fue nuestra entidad la que presentó el mayor número de enfermos. En el censo realizado en la década de los 30, 131 315 eran guerrerenses, cuando la población total del estado era de 641 690 habitantes; es decir, casi el 20% de toda la población guerrerense estaba afectada. Los municipios con mayor incidencia fueron aquellos por donde pasa el río Balsas o sus principales afluentes, hecho que hizo pensar a los investigadores que estudiaban este padecimiento que su transmisión se realizaba por  conducto de la picadura de algún mosquito, dada la abundancia de este tipo de insectos en las riberas de los ríos; sin embargo, esto nunca se demostró.

Fue tanta la identificación del pinto con los habitantes de la región que cuando la División del Sur comandada por don Juan Álvarez acudió a la defensa de la capital del país en ocasión de la guerra en contra de EU (1847), la prensa nacional mencionaba en sendos artículos “la presencia del caudillo suriano y sus pintos”, aun cuando todavía no existía Guerrero como entidad federativa, lo cual se logró dos años después. Asimismo, los guerrilleros que apoyaron la Revolución de Ayutla, principio y fin de la dictadura de Antonio López de Santa Anna, eran conocidos como los “guerrilleros pintos” del estado de Guerrero.

En la Memoria del estado de Guerrero del año de 1888, publicada por el gobernador Francisco O. Arce, en la cual incluyó un informe sobre la sierra de Guerrero escrito por el explorador Teodoro Luis Languerene, se menciona el mal del pinto como una “enfermedad que abunda en la población y que se transmitía al parecer por herencia. Al presentarse en los individuos producía mucha comezón y se llenaban sus cuerpos de manchas color azul, ladrillo y blanco de cal y producía un olor disgustante”. En la misma fuente se afirma que esta enfermedad creció y se desarrolló en muchas poblaciones, generalmente en lugares cálidos, sin lograr determinarse antídoto ni origen de dicho mal.

El mal del pinto se empezó a curar de manera radical cuando apareció la penicilina en forma comercial, a principios de la década de los 50. A finales de los 60 se creó la Campaña Nacional de Erradicación del Mal del Pinto, instalándose ésta en Guerrero en 1970. Sus actividades las desempeñaban brigadas de trabajadores capacitados adecuadamente para reconocer las lesiones de pinto en los enfermos, a los que ya descubiertos los inyectaban con penicilinas de acción prolongada. Estas brigadas recorrían las regiones pintógenas periódicamente, efectuando búsqueda intencionada de enfermos hasta 1986, año en el cual, después de tres años de no descubrirse ningún paciente en sus recorridos, se declaró erradicado de nuestra entidad este padecimiento.

Actualmente, se llegan a observar en algunas localidades de las zonas que fueron pintógenas personas con manchas blancas, las cuales son lesiones tardías que no se quitan aun cuando el paciente esté debidamente curado. Por otro lado, es conveniente mencionar que existen numerosos pacientes con vitíligo, padecimiento de la piel no contagioso y de causa desconocida que se manifiesta también con manchas blancas en cara o cuerpo del enfermo y que, no obstante que no tiene nada que ver con el mal del pinto, la población en general lo confunde con esta enfermedad. 

 (FLE)