Martes  15 de octubre de 2019.

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  • Mural en la ciudad de Tixtla
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  • Museo de la Bandera en Iguala
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Artesanía

En el Siglo XX se incorporó a las antiguas técnicas el famoso rayado de las piezas, similar a lo que hacen los artesanos hindúes, como tiempo atrás se recibió la influencia del laqueado de los objetos llegados en la nao de Manila y que hoy en el Siglo XXI se elaboran en pueblos como Cualac, Temalacatzingo, Chiepetlán y Olinalá en menor escala, y con influencia purépecha en Acapetlahuaya, Teloloapan, y Texcatlán. Estos artesanos son en realidad verdaderos artistas en aplicar el “dorado”, trabajo que se realiza pintado a mano con pincel y cuyos motivos son estilizados de aves, flores o animales reales o imaginarios.

Charola laqueada con técnica de “rayado” Olinalá, y baúl de madera, laqueado y decorado con pincel “dorado”, respectivamente.

  • La orfebrería se trabajaba ya en la época prehispánica. Los antiguos mexicanos obtenían el oro de las vetas en la tierra o en los ríos, en metal como botín de guerra, tributo, concesión o presente de los pueblos dominados. Se conocían también diversas formas de aleación de oro y plata, plomo y mercurio, bronce y cobre, cobre y plomo, cobre y oro. Los objetos eran apreciados para uso ceremonial y adornos personales que demostraban la poca o mucha dignidad de sus portadores, rangos militares o religiosos y realeza familiar. Los orfebres más famosos todavía existen y laboran en pueblos de las Costas Chica y Grande, en la Tierra Caliente y en Iguala.
  • La talabartería es el trabajo manual con el que se tratan sobre todo las pieles de ganado vacuno, porcino y caprino, proceso necesario para poder elaborar objetos de uso como zapatos, chamarras, abrigos, chaparreras, bolsas, fundas para armas, cinturones, carteras y varios más. Esta artesanía toma su nombre del talabarte, que era el cinturón para la funda de la espada, y se establece con la llegada de los españoles a México, pues los jinetes usaban todo tipo de artículos hechos de piel, así como arreos y sillas de montar. En la parte norte del estado de Guerrero se encuentran la mayoría de los talabarteros y es en Buenavista de Cuéllar donde ha sobresalido el mejor trabajo artesanal de vaqueta y piel, concursando incluso en las ferias y exposiciones de todo el país. Hoy el trabajo manual de la talabartería se ha ido perdiendo por el uso de la maquinaria industrial.
  • La palma es otro material herencia de los pueblos ancestrales que tejido a mano produce objetos de uso de colores llamativos hechos con mucha gracia y belleza. A veces son también juguetes llenos de imaginación; en otras, los tejidos de palma se incorporan a los muebles o se elaboran capas impermeables, sombreros, canastones, abanicos, petates, tapetes para cubrir los suelos de las casas, y aventadores. En algunas regiones el tejido de palma es una especialidad, pues se elaboran sombreros finos, como en San Luis Acatlán, municipio de la Costa Chica, en Tlapehuala, municipio de la Tierra Caliente, pueblo conocido como la cuna del sombrero calentano. Las crónicas nos dicen que el oficio de trenzar la palma para hacer sombrero lo enseñó el fraile Juan Bautista de Moya en 1554, siendo sus primeros alumnos indios de Cutzco. El sombrero es parte importante de la indumentaria del hombre del campo y sello característico de los guerrerenses.

Cesta tejida de tule coloreado. Tlamacazapa.

  • En la Costa Chica se encuentran los pueblos amuzgos de Xochistlahuaca, Tlacoachistlahuaca y Huehuetónoc, y pueblos de origen náhuatl, que son famosos por sus mujeres tejedoras de algodón en telar de cintura; con la tela que obtienen confeccionan prendas de vestir, huipiles, enredos, servilletas, calzones y cotones. En Zitlala y Acatlán las mujeres confeccionan vestidos tradicionales, blusas y faldas bordadas con artisela de colores en fondo azul marino y decorado con flora y fauna de su región, conjunto que se llama de “acateca”. En Ometepec se elaboran las blusas blancas bordadas con chaquira; sus sorprendentes bordados guardan el recuerdo de animales fantásticos, tótems, vegetación y elementos geométricos, plantas maravillosas y personajes de la vida cotidiana ancestral. Otra rama de los textiles son los rebozos, que cada vez se elaboran en menor escala, de hecho se han perdido talleres en Chilapa; sin embargo, en los que quedan todavía se elaboran los rebozos de bolita pintados de azul añil, que no se resbalan ni pierden su brillo, envolviendo delicadamente los hombros femeninos de los pueblos de Guerrero. 

Rebozo tejido en telar de cintura, brocado en los extremos con
hilos teñidos con tintes naturales, empuñado recto. Artesana:
Clementina Valtierra Morales, oriunda de Xochistlahuaca.

Huipil amuzgo, tejido en telar de cintura. Xochistlahuaca.

  • Del carrizo se tejen canastones, chiquihuites, juguetes, techos para casas, jaulas para pájaros. Castillo de Carrizo. Artesano: Albano Vázquez, nacido en Chilapa.
  • De las hojas de maíz se elaboran adornos, flores, juguetes.
  • De la madera se elaboran muebles, juguetes, casas, carretas, barcas, papel. Los más bellos e importantes códices con nuestra historia antigua e inmediata están hechos de hojas de papel amate, que se obtiene de la corteza de los árboles. Sin la madera los humanos no hubiéramos podido sobrevivir en la tierra, pues nos ha servido para tener fuego y levantar ciudades. Los árboles nos dan oxígeno y frutos que nos alimentan, bajo sus frondas encontramos descanso y frescura. La paradoja terrible de la historia humana es que le hayamos declarado la guerra a nuestro mayor benefactor: el árbol, y que hoy, en pleno Siglo XXI, estemos en peligro de quedarnos sin árboles. La resolución de este conflicto es todavía un enigma entre los muchos que enfrentamos los humanos en nuestra contradictoria existencia.

Taller en Venta Vieja, municipio de Eduardo Neri.

  • La producción de machetes es muy vasta en nuestra entidad. Cualac (en La Montaña), Ayutla (en la Costa Chica) y Tecpan (en la Costa Grande) tienen magníficos artesanos.

 “No existe grupo humano que no sea capaz de inventar obras admirables. Todo nos pertenece. La llamada alta cultura y el arte popular se enriquecen mutua y constantemente. En una época en que el mercado se tomó por asalto, el universo de las divisiones desdeñosas ya no se sostiene. Aquel a quien todavía llamamos artesano emplea meses y meses en terminar una obra que no firmará ni volverá a ver cuando a cambio de un pago mínimo se desprenda de ella”. José Emilio Pacheco.

(FPM/HCB/MVEC)